En una pequeña oficina con poca luz en un país de Medio Oriente, Khaled está sentado en silencio en un sofá con las manos cruzadas en su regazo y recorre la habitación con la mirada. Aquí es donde compartirá los recuerdos más oscuros de la vida de su familia como cristianos en Yemen, un país del cual él y sus cuatro hijos huyeron después del martirio mudo de su esposa, Samira. Está sorprendentemente tranquilo mientras se prepara para compartir los detalles de su viaje para dejar el islam y los innumerables incidentes de persecución que sufrió su familia como resultado. Sabe que hay un propósito para el dolor que él y sus hijos todavía sienten hoy. «Cuando pienso en nuestra historia, en lo único que puedo pensar es que Dios nos está preparando para algo más grande […] para servirle —dice Khaled sonriendo—. Es en capa tras capa de persecución que Él nos cambia para ser como Él». UN ESTUDIANTE DEL ISLAM La historia de persecución de Khaled comienza donde terminó su fe en el islam. La mañana del 11 de septiembre de 2001, Khaled dirigió el llamado a la oración en su mezquita en Yemen. Las dudas sobre el
Leer másApenas 10 días después de que Narendra Modi se convirtiera en el primer ministro de la India, Pratik y su familia fueron atacados por los nacionalistas hindúes. Para llegar a la casa de Pratik se requiere recorrer un estrecho camino de tierra lleno de baches a través de un bosque de árboles de café iluminados por el sol. El camino que serpentea a través de la plantación de café de 10 acres, de repente da un brusco giro a la derecha antes de bajar por una colina empinada. Al pie de la colina, lejos de todos los demás, se encuentra la pequeña casa de su familia. En otra parte del mundo, la casa podría sentirse como un escondite tranquilo. Sin embargo, en el sur de la India, Pratik y su familia se sienten atrapados. Se han sentido así desde el 4 de junio de 2014 cuando unos 30 miembros de la Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS) irrumpieron en su casa, obligaron a Pratik, a su esposa, Dharmi, y a la mayor de sus dos hijas adolescentes a subirse en unas SUV para llevarlos al templo hindú más cercano para ser «reconvertidos» al hinduismo. Su hija menor logró escapar de los nacionalistas
Leer másUn año después de haber padecido persecución una octava vez, Jatya de 90 años está preparado para padecerla de nuevo. Jatya comparte con entusiasmo la evidencia de su fiel evangelismo con los visitantes. El frágil y al mismo tiempo enérgico anciano vive en el sur de la India en una aldea densamente poblada con informantes pagados por la Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS). La RSS, una organización nacional de voluntarios con más de 5 millones de miembros intimida e incluso obliga a los cristianos para hacerlos volver a sus «raíces hindúes» nacionales. Una de las posesiones más apreciadas de Jatya es un paquete color manila lleno de fotografías y artículos de periódicos que relatan las 8 veces en que ha sido golpeado por compartir el evangelio en su aldea. Todo comenzó en 1992 cuando Jatya se rehusó a firmar un documento para comprometerse a dejar de evangelizar. Los agentes de policía respondieron a la terquedad de Jatya rompiéndole todos los dedos. Tres años más tarde, los radicales hindúes lo golpearon y lo arrastraron a la estación de policía donde pasó una semana en la cárcel. Y las cicatrices en el brazo izquierdo y la mano de Jatya son recordatorios constantes de
Leer más«¡No, usted no le puede hablar a los demás sobre el cristianismo! —lo regaño la maestra—. No puede estar haciendo esto porque el cristianismo es una religión estadounidense y es una religión muy mala». Las duras palabras de la maestra de bachillerato no sorprendieron ni desanimaron al joven Hanh. Desde que vio cómo el evangelio había cambiado a su padre alcohólico, había querido seguir a Cristo y hablarles a otros acerca de Él. Pero ser cristiano y compartir tu fe en el comunista Vietnam no está exento de consecuencias. Compartir a Cristo es ilegal, y Hanh lo sabía. Los que evangelizan son duramente reprendidos. Algunos han sido multados o expulsados de la escuela, mientras que otros han sido golpeados, encarcelados y desalojados de sus aldeas. Hanh es uno de varias docenas de jóvenes vietnamitas cristianos que están realizando un estudio bíblico sobre la vida de Cristo. El grupo comenzó a reunirse dos días a la semana para repasar la serie de seis libros, pero su hambre por aprender era tan grande que decidieron reunirse todas las noches. Al ser confrontado por su enojada maestra en el bachillerato, Hanh consideró su respuesta en oración. «Dejaré de seguir a Cristo si puede
Leer másCuando el oficial de seguridad del aeropuerto me dio una palmada en el hombro (Petr) y me hizo un gesto para que lo siguiera, no pensé mucho en ello. Era el 10 de diciembre de 2015, y me dirigía a casa después de pasar cuatro días en Sudán en reuniones con cristianos para evaluar cómo VOM podría ayudar a la iglesia allá. Con mi tarjeta de embarque en la mano supuse que simplemente se me someterían a un control de seguridad adicional en el aeropuerto de Jartum. Todo parecía de rutina hasta que el oficial extendió varias fotografías ante mí en una mesa. Miré con asombro las fotografías que me tomaron fuera de mi hotel y otras fotos mías en un restaurante donde había compartido una comida con un pastor sudanés. Claramente, había estado bajo vigilancia por la policía sudanesa desde que entré al país. Miré nerviosamente mi reloj. Mi avión estaba a punto de despegar y yo no estaría en él. En cambio, estaba siendo acusado falsamente de múltiples delitos, incluido el de espionaje y el de entrar a Sudán ilegalmente. PREPARADO PARA EL SUFRIMIENTO Cuando era adolescente, mi padre me entregó un libro un día y simplemente me
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