—¡Entréguenosla! —¡Entréguenla o quemaremos el edificio! —¡Merece morir! Para entonces, la turba había rodeado completamente la estación de policía, y sus demandas para que los oficiales les entregaran a la mujer habían crecido a un nivel ensordecedor. Varios llevaban en sus manos piedras de diferentes tamaños, listos para soltarlas a la primera vista de la mujer —la infiel— mientras que otros sostenían porras y palos. Momentos antes, la policía había encontrado a la mujer herida y ensangrentada y la habían llevado a la estación para protegerla de los extremistas musulmanes que la estaban golpeando con palos y sus puños. Más temprano ese día, esta mujer no identificada había estado evangelizando en las calles de Izom, Nigeria. Había entablado una conversación con algunos jóvenes musulmanes, les compartió el evangelio y les entregó algunos folletos cristianos para que los leyeran. Su encuentro no pasó desapercibido. Los ancianos musulmanes que estaban cerca habían visto el intercambio y se acercaron a los jóvenes para averiguar qué les había dicho. Se enfurecieron al enterarse de que les hubiera compartido el evangelio. Dijeron que había insultado al profeta del islam, Mahoma, e insistieron en que la mujer fuera ejecutada. Su furia y acusaciones incitaron a cientos de
Leer másPersonas de castas superiores de la India los evitaban. Estos dalits, los llamados «intocables», eran la casta más baja de la cultura hindú. Ser dalit es no tener esperanza del futuro. Sin embargo, una persona se preocupó por ellos, y estaba dispuesta a arriesgarlo todo para ayudarlos. Yesu Dasu amaba a los intocables, y puso ese amor en acción al hacerse amigo de ellos y ayudarlos. Cuando otros huyeron, él se acercó. Les devolvió su dignidad. Como un espejo del amor de Cristo, el predicador cristiano de cincuenta y dos años vino a traer sanidad a sus almas. El rugido del motor de la motocicleta afuera de su casa interrumpió la tranquila cena de Dasu y su familia. Cuando Dasu se levantó para mirar por la ventana, dos hombres comenzaron a golpear la puerta. «Yesu Dasu —gritaron—. ¡Abre! Alguien quiere hablar contigo, y debes venir con nosotros ahora». Dasu abrió lentamente la puerta y miró a los hombres. —¿Quién? —preguntó. —No hay tiempo para hablar. Debes venir con nosotros ahora —respondieron. Lo tomaron del brazo y lo llevaron a la motocicleta. La esposa de Dasu y sus hijos se quedaron mirando por la ventana mientras la motocicleta se alejaba. Después de acostar a los niños, su esposa esperó
Leer másEn junio de 1900, una feroz reacción nacionalista en China contra los misioneros cristianos y las iglesias cobró más de treinta y dos mil vidas. Las peores masacres se produjeron en la provincia de Shanxi, en el norte. Lizzie Atwater, embarazada, escribió una memorable carta a casa antes de que ella y otras seis personas fueran martirizadas. Amados, anhelo ver sus queridos rostros, pero me temo que no nos encontraremos en la tierra. Me estoy preparando para el final con mucha calma y tranquilidad. El Señor está maravillosamente cerca, y no me fallará. Estaba muy inquieta y emocionada mientras parecía haber una posibilidad de vida, pero Dios me ha quitado ese sentimiento, y ahora solo oro por la gracia para afrontar el terrible final con valentía. El dolor pronto terminará, y ¡oh, la dulzura de la bienvenida en lo alto! Mi pequeño bebé irá conmigo. Creo que Dios me lo dará en el cielo y mi querida madre se alegrará mucho de vernos. No puedo imaginar la bienvenida del Salvador. Oh, eso compensará todos estos días de incertidumbre. Queridos, vivan cerca de Dios y aférrense menos a la tierra. No hay otro camino por el que podamos recibir esa paz
Leer más«Eres de nuestra sangre, y a menos que regreses a nuestras tradiciones, ¡yo tomaré tu sangre!», le gritó su tío a U Maung Than. Cuando Than decidió abandonar la religión tradicional de su familia y convertirse en un seguidor de Cristo, de inmediato se convirtió en un hombre marcado por su propia familia en su tierra natal de Birmania. Pronto fue arrestado y encarcelado por cargos inventados. La dictadura militar usó el odio del tío contra la fe de Than para sentenciarlo a muerte. En marzo de 2002, Maung Maung y Kam Lian Ceu, dos amigos cristianos de Than, vinieron a visitarlo y animarlo sin saber que su amigo estaba en prisión. Maung y Ceu se enteraron de la gravedad del caso de Than, así como del intenso odio contra su fe en Cristo. Durante dos días, los hombres con diligencia solicitaron permiso para visitarlo en prisión, pero fueron continuamente rechazados. Al tercer día, la policía militar de esa zona finalmente permitió que Maung y Ceu vieran a Than, pero se les ordenó que no hablaran con él. Después de viajar con Than y su escolta de la policía a una zona boscosa, Maung y Ceu se sorprendieron de que les
Leer másEl pequeño número de niños de la aldea de Santana Ramos en Colombia disfrutaba al ir a la escuela y aprender de su maestra, Dora Lilia Saavedra. Oraba con ellos cada día y les hablaba de Jesús mientras aprendían. A veces también viajaba durante horas a pueblos más lejanos donde no había maestros para ayudar a los niños que vivían allí. Era una profesora bondadosa y cariñosa. Pero un día de noviembre la jornada escolar ordinaria de los niños se vio interrumpida cuando dos mujeres armadas, vestidas con botas y trajes militares, entraron a la escuela de una sola habitación y les dijeron que se fueran. «Hoy no habrá más escuela. Vayan a casa y vuelvan mañana», dijeron bruscamente. Los niños recogieron rápidamente sus pertenencias y salieron de la escuela, preguntándose qué iba a pasar. Dora Lilia y su marido, Ferley Saavedra, quien también daba clases en la escuela, sabían lo que iba a pasar, y estaban preparados. Los hombres que habían venido por ellos eran guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), un movimiento marxista caracterizado por la amenaza, la fuerza y la violencia. Durante décadas han aterrorizado a los colombianos, y atacan especialmente a los cristianos.
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