La oscuridad parecía apoderarse de la familia de Yashodha en Nepal cuando ella tenía 6 años. Fue cuando se mudaron a un gran templo hindú en una ciudad cercana, donde su padre fue contratado para mantener y limpiar. En su extraño nuevo hogar, Yashodha y su hermano menor, Paras, adoraban con frecuencia ante los ídolos del templo durante horas. “Cuando estábamos en el templo, solíamos despertarnos a las 3 de la mañana —recordó—. Si no nos despertábamos, el sacerdote venía a nosotros y nos echaba agua fría. Eso fue bastante difícil”. Dos años después de mudarse al templo, el padre de Yashodha comenzó a tener episodios similares a una convulsión, temblaba tan violentamente que a veces derribaba cosas. Eventualmente, Yashodha comenzó a experimentar convulsiones similares, y Paras también batalló con enfermedades. Sus problemas de salud continuaron después de dejar el templo y regresar a su aldea, provocando que algunos aldeanos preguntaran abiertamente si la familia había recibido una maldición. La teoría de los aldeanos se fortaleció cuando el padre de Yashodha se rompió varios huesos al caer de un árbol mientras cortaba leña. Los aldeanos tenían miedo de ayudarlo, temiendo que también pudieran ser maldecidos. “Todos en mi familia lloraban
Leer másCon una población de más de 20 millones de personas, el área metropolitana de El Cairo es un buen lugar para esconderse. Y Dilek, un cristiano de Sudán, pensó que podría ser su mejor esperanza para escapar de sus familiares hostiles y de los incesantes interrogatorios de los funcionarios del gobierno sudanés. Mientras Dilek y su novia se acercaban al mostrador de inmigración en el aeropuerto de Sudán en 2015, él supo que había una gran posibilidad de ser arrestado. Recientemente había sido liberado de la cárcel, donde fue interrogado durante tres días sobre su participación con los cristianos sudaneses. “Me pidieron los nombres específicos de los líderes del ministerio, quién está evangelizando y cuáles eran los nombres de las iglesias en las montañas Nuba —dijo Dilek—. Tuve que decir la verdad porque me estaban dando una paliza”. Dilek fue liberado después de los interrogatorios, pero la policía lo vigilaba de cerca. Se le exigía que se presentara en la estación de policía cada tres semanas, siempre en domingo por la mañana para evitar que asistiera a la iglesia. Así que después de meses de vivir bajo la vigilancia de la policía, Dilek decidió que necesitaba irse. “Decidimos que tal
Leer másAceptando el riesgo de evangelizar
Leer másMartirizado por alcanzar a su pueblo
Leer másVincentor había escuchado las advertencias sobre militantes islámicos fulani que aterrorizaban el área donde él pastoreaba una iglesia. Y se había unido a otros nigerianos que ayunaban y oraban para que los islamistas detuvieran sus ataques y abandonaran la región. Pero en junio de 2018, con los recientes ataques rondando mucho en su mente, Vincentor se sintió obligado a hacer su viaje regular de fin de semana hacia la iglesia. Tenía un trabajo que hacer y un llamado que cumplir. La esposa de Vincentor, Dapma, generalmente viajaba con él, dejando a sus cuatro hijos encargados con familiares. Sin embargo, debido a la reciente violencia, la pareja acordó que Dapma debía quedarse en casa. Antes de partir, Vincentor reunió a su familia para orar. Una de sus hijas, que celebraría su cumpleaños ese fin de semana, le suplicó que se quedara en casa. “Sé paciente”, le dijo Dapma. “Él regresará, y entonces celebraremos tu cumpleaños”. Más tarde ese mismo día, Dapma llamó a Vincentor para saber cómo se encontraba. Cuando él respondió, ella pudo darse cuenta de que estaba corriendo. “Te llamaré más tarde”, le dijo sin aliento. “Los fulani nos están persiguiendo”. Antes de que Vincentor apagara el teléfono, Dapma
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