La oscuridad parecía apoderarse de la familia de Yashodha en Nepal cuando ella tenía 6 años. Fue cuando se mudaron a un gran templo hindú en una ciudad cercana, donde su padre fue contratado para mantener y limpiar. En su extraño nuevo hogar, Yashodha y su hermano menor, Paras, adoraban con frecuencia ante los ídolos del templo durante horas. “Cuando estábamos en el templo, solíamos despertarnos a las 3 de la mañana —recordó—. Si no nos despertábamos, el sacerdote venía a nosotros y nos echaba agua fría. Eso fue bastante difícil”.

Dos años después de mudarse al templo, el padre de Yashodha comenzó a tener episodios similares a una convulsión, temblaba tan violentamente que a veces derribaba cosas. Eventualmente, Yashodha comenzó a experimentar convulsiones similares, y Paras también batalló con enfermedades. Sus problemas de salud continuaron después de dejar el templo y regresar a su aldea, provocando que algunos aldeanos preguntaran abiertamente si la familia había recibido una maldición.

La teoría de los aldeanos se fortaleció cuando el padre de Yashodha se rompió varios huesos al caer de un árbol mientras cortaba leña. Los aldeanos tenían miedo de ayudarlo, temiendo que también pudieran ser maldecidos. “Todos en mi familia lloraban —dijo Yashodha—. Nadie vino a ayudar a mi familia”.

Pero cuando Yashodha tenía 10 años, recibió de un extraño un regalo que le cambió la vida.

Un día, mientras Yashodha estaba afuera de su escuela, una joven que se alojaba en una casa de huéspedes cercana se aproximó caminando y comenzó a hablar con ella. La mujer, que era una misionera extranjera, le habló de Jesucristo.

“Ella compartió que Jesús es real y que es un Dios muy bueno —dijo Yashodha—. Cuando me dijo eso, pensé que era un buen momento para compartir mis problemas con ella”.

Al enterarse de los problemas que Yashodha y su familia habían sufrido, la mujer consoló a Yashodha y le ofreció una Biblia en lenguaje nepalí. Queriendo mejorar su inglés, Yashodha le pidió una Biblia en inglés, que la misionera le dio con gusto.

Si bien las Biblias son legales en Nepal, muchas personas no pueden costearlas y la distribución es difícil en las áreas montañosas y remotas de Nepal.

Yashodha atesoraba su Biblia nueva. Se llevó la Biblia a casa y la leía en secreto por las noches. Las palabras de Cristo, impresas en tinta roja, eran especialmente atractivas para ella. Después de leer las palabras de Jesús en Mateo 6: “no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán”, ella puso su fe en Cristo.

“Cuando veía la condición de mi padre, no sabía cómo podríamos resolver sus problemas —dijo—. Y al leer estos versículos, me di cuenta de que solo Dios resuelve nuestros problemas. Solo Él es nuestra fuerza”.

Yashodha leía su Biblia cada día, y dos meses después le preguntó a la misionera si podía ir con ella a la iglesia. El sábado siguiente, el día en que los cristianos nepalíes suelen adorar, la misionera y un amigo nepalí llevaron a Yashodha a un servicio en una iglesia lejos de su aldea.

Cuando el pastor preguntó por peticiones de oración, Yashodha titubeó. Pero una mujer nepalí de la congregación que conocía los problemas de salud de su padre pidió oración por él y por la familia de Yashodha. “Cuando ella compartió sobre mi familia –dijo Yashodha—, entonces comencé a llorar. Todos vinieron y me dieron ánimo”.

Finalmente, Yashodha comenzó a contarle a su familia lo que estaba aprendiendo en la iglesia acerca de Dios y de la Biblia. Y una mañana, un par de meses después, su familia decidió acompañarla a la iglesia. “Todos oraron por nuestra familia”, dijo.

Poco después de asistir al servicio, el padre de Yashodha buscó atención médica en lugar de depender de los sacerdotes hindúes. Estuvo hospitalizado durante varias semanas, y las crecientes facturas médicas se convirtieron en una gran preocupación.

“Estábamos preocupados por nuestro futuro, y las circunstancias de nuestra familia eran muy difíciles —dijo Yashodha—, pero cuando leíamos [la Biblia] no estábamos preocupados. Era la Palabra transformadora del Señor para nuestra vida en ese momento”.

Mientras la familia continuaba leyendo la Palabra de Dios, el hermano de Yashodha, Paras, buscaba desesperadamente la sanidad de su enfermedad crónica. Una noche oró cada dos horas para que Dios lo sanara, y al día siguiente experimentó paz y sanidad. “Desde ese día —dijo Paras, ahora de 16 años—, he creído en el nombre de Jesús”.

Mientras vivieron en un templo hindú, la familia de Yashodha se sentía abrumada por la oscuridad. Entonces la luz de Cristo los liberó.

Para cuando el padre de Yashodha y Paras regresó a casa después de semanas de atención médica, los cuatro miembros de la familia habían llegado a la fe en Cristo. Se convirtieron en la primera familia cristiana en su aldea hindú.

A medida que se corrió la voz de que la familia de Yashodha se había hecho cristiana, los aldeanos se burlaban de ellos llamándolos “comevacas” y acusándolos de aceptar dinero de misioneros extranjeros para convertirse. Luego, los líderes de la aldea les prohibieron usar el suministro de agua de la comunidad.

El tío de Yashodha estaba muy descontento con la nueva fe cristiana de la familia. Así que, a través de conexiones personales con la policía, hizo que los arrestaran. Cuando los aldeanos escucharon lo que había hecho, una multitud se reunió fuera de la estación de policía para ver qué pasaría. “Tuvimos un poco de miedo cuando vimos a la multitud —dijo Yashodha—. Los cuatro nos sentamos juntos y oramos”.

Sin embargo, una vez que la policía interrogó a la familia, decidieron que no habían hecho nada malo y los liberaron.

Dado que la familia de Yashodha enfrentó una creciente presión de la comunidad, alquilaron una habitación en otra ciudad durante unos meses. Libres del acoso diario de los vecinos, estudiaban juntos la Palabra de Dios y crecían en la fe. Incluso comenzaron a compartir su fe con otros, llevando a más de 20 personas a Cristo.

Después de regresar a su aldea, la familia también retomó la asistencia a la iglesia. A través del estudio bíblico regular, Yashodha, ahora de 17 años, dijo que ha aprendido a enfocarse en lo que es eterno en lugar del “aquí y ahora”.

“Nuestra salud es tan temporal — dijo—. Habrá muchas dificultades en nuestra vida, pero no importará. Lo que importa es ‘si estamos buscando el rostro de Cristo’”.

Y Paras dijo que no hay más oscuridad rodeando a su familia. “Antes, cuando estábamos en la oscuridad, estábamos en el camino ancho —dijo—. Ahora estamos en el camino estrecho. Puede ser difícil de recorrer, pero conduce directamente al cielo. Mucha persecución viene en nuestra vida, pero no nos quedaremos quietos”.

El día en que la oscuridad se levantó
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