Hombres y mujeres sin hogar comienzan a reunirse en el atrio de la iglesia poco antes del mediodía. Entonces, los voluntarios los dirigen amablemente a zonas sombreadas, debido al fuerte sol del mediodía, donde los esperan mesas con platos y cucharas.

Mucha gente está hambrienta en esta nación de Asia Central, la cual ha luchado económicamente desde el colapso de la Unión Soviética. Pero Timur, un obrero de la primera línea de batalla ministerial, sabe que el hambre espiritual de sus almas es aún más importante que el hambre física causada por la desnutrición. Así que antes de que los voluntarios sirvan los alimentos, Timur abre su desgastada Biblia para compartir la esperanza que encontró hace casi treinta años.

Timur creció en una familia musulmana, pero cuando la Unión Soviética se disolvió en 1991, comenzó a cuestionar la validez de todo lo que había creído. “Yo era musulmán,” dijo, “pero no tenía fe. Así que simplemente oré: ‘Dios, si tú existes, por favor revélate a mí’”.

Timur continuó orando por tres años mientras buscaba respuestas en el Corán, el cual encontró confuso y frustrante. Entonces, un día leyó un versículo en el Corán que mencionaba al Evangelio, y se interesó.

Timur comenzó a buscar este Evangelio, y cuando encontró una Biblia comenzó a leerla. Después de varios meses de estudio, durante los cuales se dio cuenta de que Jesús no es sólo un profeta, sino el Hijo de Dios crucificado, Timur cayó de rodillas e hizo un compromiso de seguir a Jesucristo. A medida que crecía en la fe, se involucró en los ministerios de evangelismo y misericordia, además de ayudar a dirigir dos pequeñas iglesias.

Debido a la gran pobreza en su país, Timur comenzó a ministrar en prisiones y en hogares de ancianos, además de alimentar a las personas sin hogar. Él ha descubierto que los ministerios de misericordia son una forma efectiva de satisfacer las necesidades físicas y espirituales de las personas.

Cuando da un paseo por el mercado o al trabajar en el ministerio con las personas sin hogar, Timur aprovecha cada oportunidad para compartir el Evangelio en su nación espiritualmente empobrecida.

Durante un sermón a la hora del almuerzo en el ministerio para personas sin hogar, una mujer se puso de pie y gritó: “¡Soy musulmana! ¡No nos hables de Cristo!”. Más tarde, Timur y otros voluntarios se enteraron de que la mujer, Galina, sufría de alcoholismo y vivía con un hombre abusivo.

Galina llegó a ser asistente frecuente a los almuerzos, por lo que cuando no se presentó por varias semanas continuas, Timur y otros fueron a buscarla. Cuando la encontraron, descubrieron que tras tantos años de abusar del alcohol, Galina estaba tan enferma de cirrosis que ya no podía soportarlo. Su hermana, quien la cuidaba, se encontró con Timur en la puerta. “Ella se hizo cristiana”, le dijo la mujer. “Por favor, llévatela. Ya no está limpia”.

Aparentemente, la enfermedad de Galina la había llevado a arrepentirse de sus pecados y a poner su fe en Cristo, ella recibió a los creyentes en su casa. “Leímos la Biblia, oramos y le pedimos que ella también orara”, recordó Timur. “Luego le preguntamos si tenía miedo de morir”.

Galina comunicó a los visitantes que ya no temía morir, porque creía en Jesús. Ella murió tres días después.

Al igual que en muchos países, en donde vive Timur, el alcoholismo es un problema importante, especialmente entre la población sin hogar. Una mujer llamada Ola, que solía visitar la iglesia para almorzar, a menudo se agachaba detrás de un automóvil estacionado para tomar algunos tragos de su botella de vodka antes de entrar a la iglesia. Timur finalmente la confrontó, explicándole que no era apropiado cuando iba entrar en una casa de oración. Tiempo después Ola se convirtió en creyente, y la iglesia la envió a un centro de rehabilitación cristiano para ayudarla a vencer su alcoholismo.

Ahora, sobria y seguidora de Cristo, Ola ha vuelto a convivir con sus hijos adultos. Dos de ellos han puesto su fe en Cristo, pero ella dice que uno de sus hijos “aún no es cristiano”. El esposo de Ola, después de ser liberado de la cárcel, también se convirtió en creyente, actualmente Ola sirve en la iglesia como cocinera en el ministerio de almuerzos para las personas sin hogar.

Mientras Timur trabaja para ayudar a cambiar la vida de muchos como Galina y Ola, ha experimentado dificultades por proclamar el Evangelio. Hace algunos años, él y un equipo de la iglesia viajaron a una comunidad para brindar atención médica, entregando un Nuevo Testamento a cada persona que trataron. Mientras trabajaban en la comunidad, funcionarios de la policía de seguridad del Estado (anteriormente KGB) visitaron su oficina una mañana y arrestaron a todos. Las autoridades confiscaron sus pasaportes, teléfonos y material cristiano como libros y DVDs. El equipo fue detenido e interrogado durante tres días antes de ser multado y obligado a abandonar el área.

Timur fue confrontado por agentes de seguridad en una comunidad rural. Tiempo después, un oficial amenazó con apedrearlo.

El año pasado, Timur regresó a la comunidad donde fue arrestado, y mientras visitaba el mercado local, se encontró con el funcionario que lo había arrestado anteriormente. El hombre le dijo a Timur que si quería seguir predicando sobre Jesús, debería permanecer en la capital del país, o mejor aún, mudarse a Rusia.

También le dijo a Timur que si continuaba predicando en la comunidad, reuniría personalmente a algunos lugareños para apedrearlo. “Morir por Jesús sería un privilegio para mí”, respondió Timur con valentía. El funcionario le gritó maldiciones por un tiempo, pero finalmente se fue.

A los 72 años, Timur continúa su trabajo evangelístico. Aunque la iglesia donde sirve ha experimentado una creciente presión por parte del Gobierno en los últimos años, Timur se mantiene firme. “He calculado el riesgo”, dijo, “y he considerado que vale la pena por causa del Evangelio”.

Parado frente a la multitud que asiste a la hora del almuerzo en el patio de la iglesia y alistándose para abrir el libro que cambió su vida, acepta de buena gana el riesgo que esto implica. Timur sabe que compartir acerca de Jesucristo, quien lo redimió sufriendo la muerte en una cruz y levantándose de la tumba, vale cualquier precio.

Aceptando el riesgo de evangelizar
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