Con una población de más de 20 millones de personas, el área metropolitana de El Cairo es un buen lugar para esconderse. Y Dilek, un cristiano de Sudán, pensó que podría ser su mejor esperanza para escapar de sus familiares hostiles y de los incesantes interrogatorios de los funcionarios del gobierno sudanés. Mientras Dilek y su novia se acercaban al mostrador de inmigración en el aeropuerto de Sudán en 2015, él supo que había una gran posibilidad de ser arrestado. Recientemente había sido liberado de la cárcel, donde fue interrogado durante tres días sobre su participación con los cristianos sudaneses. “Me pidieron los nombres específicos de los líderes del ministerio, quién está evangelizando y cuáles eran los nombres de las iglesias en las montañas Nuba —dijo Dilek—. Tuve que decir la verdad porque me estaban dando una paliza”. Dilek fue liberado después de los interrogatorios, pero la policía lo vigilaba de cerca. Se le exigía que se presentara en la estación de policía cada tres semanas, siempre en domingo por la mañana para evitar que asistiera a la iglesia. Así que después de meses de vivir bajo la vigilancia de la policía, Dilek decidió que necesitaba irse. “Decidimos que tal
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