Con una población de más de 20 millones de personas, el área metropolitana de El Cairo es un buen lugar para esconderse. Y Dilek, un cristiano de Sudán, pensó que podría ser su mejor esperanza para escapar de sus familiares hostiles y de los incesantes interrogatorios de los funcionarios del gobierno sudanés. Mientras Dilek y su novia se acercaban al mostrador de inmigración en el aeropuerto de Sudán en 2015, él supo que había una gran posibilidad de ser arrestado. Recientemente había sido liberado de la cárcel, donde fue interrogado durante tres días sobre su participación con los cristianos sudaneses. “Me pidieron los nombres específicos de los líderes del ministerio, quién está evangelizando y cuáles eran los nombres de las iglesias en las montañas Nuba —dijo Dilek—. Tuve que decir la verdad porque me estaban dando una paliza”. Dilek fue liberado después de los interrogatorios, pero la policía lo vigilaba de cerca. Se le exigía que se presentara en la estación de policía cada tres semanas, siempre en domingo por la mañana para evitar que asistiera a la iglesia. Así que después de meses de vivir bajo la vigilancia de la policía, Dilek decidió que necesitaba irse. “Decidimos que tal
Leer másViuda, con una enfermedad crónica y expulsada de su hogar, una cristiana convertida descubre la fidelidad de Dios en medio de fuertes pruebas. Cuando el esposo de Domiana murió en 2013, ella se hundió en una profunda desesperación. Sus suegros, que ya no estaban dispuestos a apoyarla a ella y a sus hijos, los echaron de su casa. Viviendo en un barrio pobre en Egipto, criando sola a tres preadolescentes y sin ingresos, Domiana luchaba por sobrevivir. Y no recibía apoyo de la comunidad islámica local. Para empeorar las cosas, ella luchaba contra una enfermedad crónica. Después de que múltiples tratamientos no lograron mejorar su condición, se enfrentó a la difícil decisión de someterse a una arriesgada operación. “Tuve que someterme a muchas cirugías para extirpar quistes y no funcionó. El médico dijo que sería peligroso hacer otra operación”, relató. Pero el médico, que era cristiano, aconsejó un tratamiento adicional: la oración. “El doctor me dijo que Jesús puede sanar —recordó—, y que le pidiera al Dios sanar —recordó—, y que le pidiera al Dios verdadero por una gran mejoría”. Sus quistes desaparecieron días después, sin dejar rastro de la enfermedad. Después de experimentar este milagro, Domiana se sintió abandonada
Leer másHabiendo sufrido profundas heridas por años de palizas por parte de su esposo musulmán, una mujer egipcia ahora se regocija en el amor de Dios y en la cruz de Cristo. Emaan era apasionadamente devota del islam. “Solía amar a Mahoma —dijo—. Mi corazón deseaba haber vivido en la antigüedad y haber sido escogida para ser una de sus esposas”. Realizó seis peregrinaciones a principios de la década del 2000, viajando desde su casa en Egipto hacia los lugares más sagrados del islam. “En la mezquita en Medina, la ‘Mezquita del Profeta’, nunca daría la espalda”, recordó sobre un hajj, un viaje religioso a Arabia Saudita que los musulmanes deben hacer al menos una vez. Como ferviente seguidora de la fe, Emaan fue mucho más allá de lo requerido por el islam “Cuando me marchaba —explicó— miraba [la mezquita] de frente y caminaba hacia atrás para mostrar respeto”. Pero con el tiempo, Emaan optó por alejarse del islam. Cuando supo que Aisha, la última esposa de Mahoma, tenía 9 años en el momento de su matrimonio, esto sacudió su fe. A medida que su propia hija se acercaba a esa edad, Emaan se impresionaba por lo inapropiado que era que
Leer másVienen a él de todo Egipto, buscando bautizarse. Krystafer, un líder de la Iglesia Ortodoxa, anhelaba alcanzar a los musulmanes para Cristo aun antes de convertirse en sacerdote en 2006. Oraba para ser como Pablo, alcanzando a las naciones. “Yo oraba por los musulmanes en Egipto, Irán, Turquía, Arabia Saudita, Siria. Yo no elegí este ministerio porque odie el islam. Amo a los musulmanes, quiero que conozcan a Jesús, especialmente los que viven en Egipto”, relató. Los cristianos ortodoxos egipcios (coptos) remontan su linaje al ministerio de Marcos del primer siglo, muy anterior a la fundación del islam. Al ser apenas el 10% de la población de Egipto en la actualidad, los coptos se enfrentan a una intensa discriminación por parte de la mayoría musulmana. Las niñas cristianas coptas suelen ser secuestradas, obligándolas a casarse con un musulmán y a convertirse al islam. Y ocasionalmente, los islamistas atacan iglesias o matan a grupos de cristianos. En este opresivo ambiente, la mayoría de los coptos se quedan en sus propias comunidades. Pocos comparten el Evangelio con musulmanes, y no hay quien esté dispuesto a bautizarlos cuando deciden seguir a Cristo. Sin embargo, tales bautismos sí se realizan. “Lo que trae gozo
Leer másAsim y Zarah siguieron caminos separados hacia la fe en Cristo, pero cuando sus caminos convergieron en El Cairo, Egipto, se convirtieron en uno en el servicio del Señor. Las conferencias de ciencia que Asim estaba escuchando en la universidad no parecían estar de acuerdo con la fe musulmana de su familia. Dudoso y desilusionado, comenzó a salir a cafés con amigos ateos que se burlaban del Corán. Aunque no tenía ningún interés en la religión, un año Asim acordó acompañar a un amigo cristiano copto en el servicio de Nochebuena de su iglesia. Después de salir del servicio, no podía quitarse de la cabeza la letra de una canción: «Moriste por mí y tomaste mis cargas por mí». Curioso por saber más acerca de las misteriosas palabras, regresó a la iglesia y pronto comenzó a estudiar la Biblia con un hombre que conoció allí. * * * Zarah tenía celo por el islam, y comenzó a estudiar con un clérigo musulmán salafista ultraconservador, e incluso se unió a él como misionera musulmana anticristiana. Ella se paraba afuera de la oficina de la Sociedad Bíblica de El Cairo para repartir folletos y regañar a cualquiera que saliera con una Biblia.
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