El esposo de Rojina había salido por negocios cuando ella y Montahina, su hija de 17 años, fueron interrumpidas durante su cena por un fuerte y estruendoso ruido. Antes de saber lo que estaba sucediendo, un grupo de hombres entró en la casa gritando y las acorraló, amenazando con secuestrar y violar a Montahina (en el recuadro) si Rojina (en la foto principal) continuaba compartiendo el Evangelio en su comunidad. A pesar de la sorpresiva intrusión y la amenaza, Rojina no sintió miedo. “Si vienen gritando y vociferando, no me asustan —dijo—. Yo creo en mi Dios, en mi Jesús, y Él hará todo por nosotros”. Hambrienta de compartir Rojina regularmente compartía la verdad de Cristo con las familias en los barrios pobres de su ciudad por obediencia a la Gran Comisión. “Cuando supe que [Jesucristo] es el único… camino, la única verdad y vida… y su mandamiento dice: ‘Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio’, eso me inspiró a hablarle a la gente —dijo Rojina—. Me gusta salir con mujeres para compartir el Evangelio con el pueblo musulmán”. Mientras su esposo trabajaba en su pequeño negocio familiar y su hija asistía a la escuela, Rojina dirigía equipos
Leer másEn prisión por causa de Cristo
Leer másLos pastores en la India son humillados y arrestados bajo las leyes anticonversión del país, pero ellos siguen proclamando las Buenas Nuevas de Cristo aun en la prisión. El domingo 5 de Diciembre del 2012, policías y miembros de un grupo radical hindú entraron a la iglesia del pastor Sawan, deteniéndolo a él y a un anciano de la iglesia para interrogarlos. Al parecer, un sacerdote hindú local denunció que Sawan intentó convertirlo a la fuerza al cristianismo. Más tarde, cuando la esposa de Sawan y otros cuatro miembros de la iglesia fueron a la comisaría para ver por qué aún no los habían liberado, también los arrestaron. Después de 45 días, los policías liberaron a todos los cristianos excepto a Sawan, quien se quedó a sufrir las tristes condiciones de la prisión. Se le negó el acceso a una Biblia y, cuando enfermó, lo transfirieron a un hospital de gobierno donde las autoridades encadenaron una de sus piernas a la cama. A pesar de los problemas, Sawan aprovechó al máximo su tiempo bajo custodia. Aunque no tenía una Biblia, él meditaba sobre los versículos que había memorizado. Y durante el recreo de las mañanas compartía el Evangelio con otros
Leer másHulda creció en un hogar nominal cristiano en la India, rara vez asistía a la iglesia y nunca leía su Biblia. Sus amigos no la habrían considerado cristiana. Pero después de experimentar la protección de Dios durante un allanamiento en la casa de su hermana, decidió tener una relación personal con Jesucristo. Y junto con su renovada fe recibió el valor para compartir a Cristo con los vecinos de su aldea predominantemente hindú. Aunque encontró oposición en los aldeanos que rechazaron su mensaje, ella sabía que debía continuar compartiendo el Evangelio. “A partir de ese momento, me di cuenta de que andar en el camino de Jesús no es fácil —dijo—. Tuve que soportar el dolor y seguir perseverando por este camino”. Un colaborador en el ministerio Mientras compartía el Evangelio, ella oraba por un esposo que la acompañara en su ministerio. Y después de orar por casi un año, un pastor le presentó a un joven recién graduado de la escuela bíblica llamado Abraham. Antes de ser presentados, el pastor le había dicho a Abraham que Hulda sería una buena esposa para él. “Ella es quien subirá a todas las montañas para compartir el Evangelio —le dijo el pastor—.
Leer másUna mujer norcoreana encuentra esperanza durante un transformador encuentro con la Palabra de Dios. Al crecer en Corea del Norte, Hyun-Ok nunca imaginó el reunirse con otros para estudiar la Biblia. Bajo la dictadura de inspiración comunista fundada en el Juche, habría sido demasiado peligroso dejar que alguien supiera que tenía interés en la Biblia. La notablemente religiosa ideología norcoreana del Juche exige adoración y sumisión solo a la familia Kim. “En Corea del Norte no permiten ninguna ideología excepto el Juche —dijo Hyun-Ok—. Se vive en un lugar en el que no se pueden encontrar otras religiones. Yo no tenía religión, [y] no quería interactuar con ninguna otra religión”. Hyun-Ok desertó hacia China cuando tenía más de cuarenta años, ahí se casó con un coreano y formó una familia. Mientras vivían cómodamente en China, Hyun-Ok y su esposo se dieron cuenta de que había mejores oportunidades de trabajo en Corea del Sur. Así que después de conseguir visas de tres meses, viajaron a Corea del Sur, esperando ahorrar algo de dinero antes de regresar a casa. Sin embargo, antes de que expiraran sus visas, el gobierno de Corea del Sur deportó al esposo de Hyun-Ok a China debido a
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