Sin intención de escapar del sufrimiento
Egipto
Cuando Sanjana conoció a Jesucristo a través del testimonio de un vecino, encontró una paz que no conocía. “Por primera vez en mi vida no estaba preocupada, ni tenía miedo; tenía paz”, dijo. Esa paz la sostuvo más tarde, durante cuatro años de tormento.
La familia de Sanjana tenía reputación de “buscapleitos”, usaban las armas para resolver conflictos. Al crecer en una zona del Alto Egipto, hogar de cristianos coptos y musulmanes, siempre le sorprendió que cuando sus compañeros cristianos del colegio eran golpeados, aceptaban las palizas con humildad y sin quejarse.
Sanjana sufrió encarcelamiento, abuso y palizas por parte de su familia, pero dice que nunca podría renunciar a la paz que ha encontrado en Cristo.
Cuando tenía 13 años, Sanjana comenzó a cuestionar a una maestra cristiana sobre su fe. Pero conociendo la reputación de la familia de Sanjana y la historia incendiaria de las relaciones entre musulmanes y cristianos en Egipto, la mujer tuvo demasiado miedo de responderle directamente. En lugar de ello, la maestra dirigió a Sanjana con un vecino cristiano, quien le explicó la fe cristiana durante los siguientes dos años.
El cristiano también le dio a Sanjana una copia del Evangelio de Mateo, el cual ella envolvió en una bolsa de plástico y enterró. Después de leer ese Evangelio y conocer más sobre la fe cristiana, Sanjana descubrió que era totalmente opuesto a lo que vivía en su hogar musulmán. Finalmente, y con profunda consideración, decidió convertirse en seguidora de Cristo.
Prisionera en casa
El padre de Sanjana pronto notó que ella había dejado de orar cinco veces al día como requiere el islam. Cuando él la confrontó, ella le contó valientemente sobre su decisión de confiar en Cristo. La respuesta de su padre era predecible: él la golpeó.
“¿De qué tontería sin sentido hablas?”, preguntó. “Nosotros te educamos como musulmana, y tienes que continuar musulmana. Nuestros hijos nacieron musulmanes… nuestros abuelos son musulmanes, así que tú eres musulmana”. Pero Sanjana permaneció firme.
Cuando ella intentó asistir a la iglesia, le negaron la entrada porque no portaba un tatuaje de cruz para demostrar que era cristiana. Después de décadas de persecución, la mayoría de las iglesias ortodoxas egipcias temen que los falsos cristianos convertidos del islam se infiltren en sus iglesias, y algunos ven el tatuaje como una demostración de una conversión sincera.
Cuando su familia vio que Sanjana tomaba en serio su nueva fe, la desafiaron. “Yo creo en Jesús”, les dijo Sanjana. Su padre la golpeó de nuevo, y esta vez la ató y encerró en una habitación de su hogar.
Sanjana pasó tres años en esa habitación, casi muerta de hambre y continuamente golpeada. “Mi padre me golpeaba, y cuando se cansaba, otros miembros de mi familia tomaban su lugar. Era como una fiesta”, relató.

Las palizas le dejaron un brazo roto y fracturas en el cuello y hombros. Después… su familia usó ácido para tratar de borrar el pequeño tatuaje de una cruz que se había hecho recientemente en el antebrazo.
Por último, recurrieron a una peor humillación. El padre y el hermano de Sanjana llevaron a un imán a su habitación, dando a entender que tenía permiso para violarla si ella no regresaba al islam. El pastor de Sanjana explicó que el imán se hubiera casado con ella después para continuar denigrándola. “Ellos querían destruirla”, dijo.
Sanjana gritaba pidiendo ayuda mientras el imán la violaba, pero nadie acudió en su ayuda. Sin embargo, la injusticia y el horror del trato dado a Sanjana persuadieron a su hermana menor para abandonar el islam y seguir a Cristo. Ella ayudó a Sanjana a escapar esa noche, y las dos mujeres huyeron a El Cairo, donde durmieron en la calle.
La libertad de Sanjana no duró mucho. Un miembro de su familia la encontró y la llevaron por la fuerza a su casa en el Alto Egipto. “La golpearon casi hasta matarla —dijo su pastor—. No sé cómo sobrevivió a esta paliza”.
Después, su familia la obligó a casarse con un musulmán, quien la encerró en su casa con el objetivo de reconvertirla al islam. “Luché mucho con mi esposo —dijo Sanjana—. Durante ese año… fui torturada y perseguida. Al final, cuando él se dio cuenta que nada funcionaba conmigo, temió que los vecinos supieran que yo era cristiana. Eso lo avergonzaría, así que se divorció de mí”.
Una querida hija
Después de un año de matrimonio y un divorcio, Sanjana estaba de nuevo en la calle. Esta vez se contactó con un pastor apoyado por La Voz de los Mártires (VOM) en El Cairo que ministra específicamente a cristianos convertidos del islam. Él arregló que Sanjana viviera con una familia cristiana y presentó a su hermana con un cristiano convertido con quien más tarde se casó.
Sanjana fue bautizada en el 2016. Relató que mientras el pastor la sumergía, sintió que Jesús le hablaba, confirmando que ella era Su hija. “¡Yo quería escuchar más a Jesús!”, dijo riéndose de cómo casi luchó con el pastor para que la mantuviera bajo el agua por más tiempo y así poder escuchar más esa preciosa voz.
Al preguntarle por qué nunca rechazó su fe en Cristo durante los años de abuso, dio un buen ejemplo bíblico: “Imagina que yo vivía en el chiquero, como el Hijo [Pródigo]. Luego me limpiaron, me lavaron, comí alimentos limpios y usé ropa limpia, ¿cómo regresaría solo por escapar del sufrimiento? Ahora soy embajadora de mi Dios, ¿cómo volvería a la esclavitud?”, dijo.
Actualmente, Sanjana trabaja medio tiempo como sastre. Aunque solo obtiene lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas, ella diezma fielmente porque sabe que eso honra al Señor. “Haré lo que sea… por el Señor, nunca podré darle lo que Él me ha dado. Lamento todos los años que pasé sin conocerlo”, comentó.
Si bien ha sido rescatada de varias maneras, la vida de Sanjana sigue siendo desafiante. Necesita encontrar un nuevo lugar para vivir, y todavía es rechazada por la sociedad. Pero al verla preparar café para los visitantes, nunca imaginarías que ha experimentado un sufrimiento tan profundo. La paz que encontró en Cristo continúa sosteniéndola.
“Dios me dio una promesa, y confío en Su promesa. Dios es siempre bueno”, afirmó”.
Acompañemos a Sanjana, quien ha reemplazado el odio con perdón, orando juntos por la salvación de su padre.