Fruto peligroso
Pakistan
Los creyentes paquistaníes Tahoor y Aansa se habían preparado bien antes de mudarse al lugar escogido para su ministerio. Obtuvieron maestrías en teología en un seminario, completaron el entrenamiento en misiones, aprendieron el idioma que necesitarían y adoptaron la vestimenta y las prácticas culturales del área donde estarían trabajando. También analizaron con los líderes del ministerio la mejor manera de llegar a las personas de esa región en particular.
Así que cuando la pareja y sus dos hijos llegaron al sureste de Pakistán en 2004, se sentían completamente preparados y pensaban que tenían en marcha un buen plan. “Nuestra meta era que seis personas vinieran al Señor cada año”, dijo Tahoor.
Pero nada salió según lo planeado. “El primer año no hubo fruto” dijo Aansa. “El segundo año no hubo fruto. Al tercer año, una familia vino a Jesús”. “Dios abrió las puertas ese año”, agregó Tahoor.
Siguiendo a Cristo en Pakistán
Cerca del 98% de la población de Pakistán es musulmana, al igual que la mayoría de los líderes políticos del país. Los grupos extremistas musulmanes están activos en todo el país, y las estrictas leyes de blasfemia que protegen al islam a veces son utilizadas contra los cristianos.
Aún así, el cristianismo es legal, y muchas iglesias se reúnen abiertamente para servir a los cerca de 2 millones de cristianos en el país. Estos creyentes, sin embargo, son tratados como ciudadanos de segunda clase en su propio país, y muchos están atrapados en trabajos serviles que los condicionan a vidas de pobreza.
En medio de esta cultura opresiva, algunos valientes cristianos paquistaníes alcanzan a sus amigos y vecinos musulmanes con las Buenas Nuevas de Jesucristo. Hace más de 20 años, Tahoor y Aansa respondieron al llamado de Dios para alcanzar a su país para Cristo, a pesar de los posibles riesgos.
Al ser los únicos cristianos en sus universidades, Tahoor y Aansa de alguna manera ya estaban preparados para el futuro trabajo como evangelistas. Pero después de completar su trabajo en el seminario, Tahoor decidió estudiar otra maestría, esta vez en Estudios Islámicos dentro de una universidad islámica.

Cuando uno de sus maestros se enteró que era cristiano, invitó a Tahoor a hablar con el personal sobre por qué los cristianos celebran la Pascua. “Ese fue un muy buen momento para mí”, recordó Tahoor. “Compartí la historia desde el principio: Adán y Eva, luego Cristo y por qué él dio su vida por ellos”.
Si bien, tanto Tahoor como Aansa son conocedores del islam, han encontrado que estudiar la Biblia con la gente es la forma más efectiva de compartir el Evangelio. “Cuando me presento, digo que soy un maestro de la Biblia”, dijo Tahoor.
“Entonces la gente pregunta acerca de la Biblia”, agregó Aansa. “De otro modo, hablaríamos todo el tiempo del Corán”.
Siendo testigos de la cosecha
Actualmente, después de años de trabajo diligente, supervisan cuarenta y cinco pequeños grupos de creyentes y de buscadores de la Verdad. En algunos casos, hogares enteros han puesto su confianza en Cristo y están creciendo en la fe. Estos pequeños grupos son dirigidos por creyentes más maduros a quienes Tahoor y Aansa han capacitado. “Vemos que si preparamos a un líder en un grupo, ese grupo será más fructífero”, dijo Aansa. “Ellos crecerán más”.
Mientras que los líderes trabajan con los pequeños grupos de nuevos creyentes, Tahoor y Aansa pueden enfocarse más en aquellos que han expresado interés en el cristianismo. Los guían a través de una historia bíblica, la discuten con ellos, y luego los desafían a tomar acciones basadas en la historia.
Cuando las personas dicen que están interesadas en conocer sobre el cristianismo, Tahoor y Aansa se aseguran de que no estén esperando ningún beneficio material. “No tenemos trabajo para ustedes, ni hogares”, les dicen. “Solo podemos darles conocimiento bíblico”.

Muchas de las personas a las que enseñan llegan a la fe en Cristo después de un año aproximadamente, pero a veces toma hasta tres años. Mientras tanto, la pareja espera que la obra del Espíritu Santo y la verdad de las Escrituras transformen vidas.
Tahoor y Aansa saben que una base sólida en la verdad bíblica es esencial para aquellos que abandonan el islam en Pakistán porque seguramente experimentarán persecución. “Primero nos enfocamos en Jesús”, dijo Aansa. “Solo hay que seguirlo. Simplemente les ayudamos a conocerlo, paso a paso”.
Trabajar en una cultura donde hablar de la religión que profesa la mayoría es provocativo y la idea de convertir a las personas del islam es profundamente ofensiva, la pareja tuvo que desarrollar cautelosas maneras de llegar a los musulmanes. Según la ley federal, la blasfemia se castiga con cadena perpetua o la muerte, y los extremistas están activos en todo el país.
Tahoor y Aansa son conocidos en su región como los cristianos que viajan a los pueblos vecinos para visitar y animar a las iglesias locales. Pero lo que la mayoría no sabe es que, además de esas visitas a las iglesias, también se reúnen en las casas de cristianos recién convertidos y de los buscadores de la Verdad.
“Si los trajéramos [a los ex musulmanes] a las iglesias locales para compartir sus testimonios, provocaríamos un problema”, dijo Aansa. “Nos atraparían a nosotros y también a esas personas. Así que hacemos ese trabajo en secreto, y públicamente trabajamos en la iglesia”.

Siguiendo el modelo del libro de los Hechos, que describe a hogares enteros llegando a la fe en Jesucristo, ellos entran en las casas de las personas, donde pueden hablar libremente y en privado. “Adentro, podemos hacer cualquier cosa”, dijo Aansa.
Pero por razones de seguridad, nunca se reúnen en grupos grandes. “Concertamos horarios diferentes y programas diferentes para ellos”, dijo Tahoor. “Es muy peligroso”.
Tahoor explicó cómo Dios trabajó con “Una persona —que es uno de los líderes—, pasó ese tiempo con su madrastra”, dijo. “Lo animamos a pasar tiempo con ella. Y durante ese tiempo, su madrastra aceptó a Cristo”.
“Ella quería ser bautizada”, agregó Aansa. “Le dijimos que nosotros no podemos ir, así que él podía hacerlo. Y él bautizó a su madrastra”.
A pesar de que tomó tres años para que su trabajo comenzara a dar frutos en el sureste de Pakistán, actualmente Tahoor y Aansa ven una abundante cosecha de creyentes cuya fe se mantendrá firme contra las pruebas que seguramente vendrán.