Una mujer norcoreana encuentra esperanza durante un transformador encuentro con la Palabra de Dios. Al crecer en Corea del Norte, Hyun-Ok nunca imaginó el reunirse con otros para estudiar la Biblia. Bajo la dictadura de inspiración comunista fundada en el Juche, habría sido demasiado peligroso dejar que alguien supiera que tenía interés en la Biblia. La notablemente religiosa ideología norcoreana del Juche exige adoración y sumisión solo a la familia Kim. “En Corea del Norte no permiten ninguna ideología excepto el Juche —dijo Hyun-Ok—. Se vive en un lugar en el que no se pueden encontrar otras religiones. Yo no tenía religión, [y] no quería interactuar con ninguna otra religión”. Hyun-Ok desertó hacia China cuando tenía más de cuarenta años, ahí se casó con un coreano y formó una familia. Mientras vivían cómodamente en China, Hyun-Ok y su esposo se dieron cuenta de que había mejores oportunidades de trabajo en Corea del Sur. Así que después de conseguir visas de tres meses, viajaron a Corea del Sur, esperando ahorrar algo de dinero antes de regresar a casa. Sin embargo, antes de que expiraran sus visas, el gobierno de Corea del Sur deportó al esposo de Hyun-Ok a China debido a
Leer másAhn hizo todo lo que el gobierno norcoreano le exigió, incluso casi sacrificar su vida. Sin embargo, al final eso no fue suficiente. Nacido en una familia norcoreana de clase alta, la devoción de Ahn por su país y por la dinastía Kim comenzó desde niño. Su padre era miembro de la unidad militar especial de Kim Jong II, un honor que implicaba responsabilidades y grandes privilegios. “Casi todos mis familiares estaban relacionados con las fuerzas de seguridad o la policía – expresó Ahn, ahora de casi 40 años -. Desde niño, mis padres me enseñaron a ser fiel a la familia Kim”. Mientras que cientos de miles de personas murieron durante un tiempo conocido como “La Ardua Marcha” de Corea del Norte a mediados de la década de 1990, la familia de Ahn no se vió afectada. “Cuando de niño salía a la calle, podía ver los cuerpos de las personas que habían muerto de hambre – relató -. Pero como yo pertenecía a una familia de clase alta, nunca pasé hambre”. Con tales privilegios, lafamilia de Ahn veneraba a la familia Kim más que el norcoreano promedio, aunque todos los ciudadanos estaban obligados a adorar al “líder supremo”
Leer másDespués de escapar de las autoridades norcoreanas, una ex contrabandista de Biblias continúa compartiendo el amor de Cristo con otros desertores en Corea del Sur. La primera vez que Eun-Ji puso un pie en una iglesia, estaba molesta. La gente que estaba adentro cantaba y oraba en voz alta, le decían mentiras sobre Corea del Norte y, lo peor de todo, hablaban de los “líderes eternos” Kim Il Sung y Kim Jong Il con descarada irreverencia. Eso la enfureció. Había asistido a la iglesia, una congregación coreana en China, por razones meramente financieras. Sospechaba que una mujer que le debía dinero estaba allí, y necesitaba el dinero. Tenía una familia que alimentar durante el tiempo de severa hambruna en Corea del Norte. Cientos de miles de norcoreanos murieron de hambre durante “La Ardua Marcha” de Corea del Norte, como se nombró a la hambruna de la segunda mitad de la década de 1990. Agravando el sufrimiento, el gobierno se negó a aceptar importaciones o ayuda internacional. En su lugar, dio su aprobación implícita al contrabando ilegal, permitiendo a los norcoreanos hacer lo posible por conseguir comida, en vez de recibir del gobierno las raciones de comida y el pago que
Leer másVIMOS CUANDO LA IGLESIA PASÓ A LA CLANDESTINIDAD Después de alejarse de Cristo en los primeros días del régimen comunista de Kim Il Sung, una mujer norcoreana fue conducida de nuevo a la fe por un solo versículo de la Biblia. Rhee Soon-ja tiene recuerdos vívidos de su padre leyéndole la Biblia a ella y a sus seis hermanos cuando eran niños. Recuerda que los versículos estaban impresos verticalmente, en lugar de horizontalmente. Y aunque ahora tiene 82 años, todavía puede recordar la frase «Cristo es el Señor de esta casa» colgando de una pared de su casa. «Mis padres oraron para que Dios me usara como su sierva —dijo, evocando otro recuerdo de la infancia—. Crecí soñando con convertirme en evangelista». Eran los días antes de que Corea se dividiera en Norte y Sur, comunista y libre. Eran los días cuando la fe cristiana florecía en Corea del Norte. «Había muchos cristianos —compartió Soon-ja desde su sala de estar en Corea del Sur—. Yo asistía a la Iglesia metodista. Todas las congregaciones se reunían todos los domingos». Cuando Soon-ja era una niña, su familia fue una de las primeras en experimentar persecución bajo el Gobierno de Kim Il Sung, primer
Leer másDespués de pasar cinco años desarrollando relaciones con cuarenta norcoreanos en China, un fiel cristiano chino finalmente llevó a uno de ellos, un funcionario del Gobierno norcoreano, a Jesucristo. Lee Joon-ki buscó cuidadosamente en el café chino el lugar adecuado para sentarse. El dueño del lugar, un compañero cristiano, le había contado sobre un trabajador de mediana edad de Corea del Norte que estaba en el café, y Joon-ki quería sentarse en el lugar correcto para comenzar una conversación con él.Después de sentarse en una mesa cerca del hombre, Joon-ki comenzó una conversación informal con él, incluso logró atraer al dueño del café a la conversación. Estas conversaciones, que pueden volverse peligrosas rápidamente para todos los involucrados, son para lo que vive Joon-ki, un obrero de primera línea que comparte el evangelio con norcoreanos dentro de China cerca de la frontera con Corea del Norte. «Encontrar a estos norcoreanos, desarrollar relaciones y llevarlos a Cristo es la obra de Dios; está lleno de la gracia de Dios —dijo—. Simplemente reunirme con él durante una hora es sumamente valioso. No es algo que podamos hacer normalmente. Cada ocasión podría ser la última». Joon-ki es un pastor ordenado que ha servido como
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