Duhra nació en la infelicidad. Cuando nació su hermana mayor, su padre la llamó “Suficiente” porque no quería tener más hijas. Luego, cuando nació Duhra, (su padre) abandonó por completo a la familia. La madre de Duhra, quien la culpó por la ruptura de su matrimonio, dejó a Duhra en El Cairo con su abuela mientras trabajaba en el extranjero. Aunque la madre de Duhra era una musulmana no practicante, su abuela era devota, y la obligaba a cubrirse la cabeza y a rezar con regularidad. Al sentir profundamente la pérdida de sus padres, Duhra oró a Alá pidiendo ayuda: “Necesito una madre; necesito un padre. ¿Por qué me creaste sin padres?”. Entonces, una noche, Duhra soñó con un gran edificio blanco como una mezquita, pero tenía una cruz en la parte superior en lugar de un minarete. Aunque nunca había visto el edificio, reconoció la cruz por los tatuajes que había visto en sus compañeros cristianos coptos. Los cristianos coptos, quienes practican una forma de cristianismo ortodoxo, componen solo alrededor del 10% de la población de Egipto. Pero están orgullosos de su herencia cristiana, y muchos lucen audazmente tatuajes de cruces en sus muñecas o manos. El sueño le
Leer másUNA HERMANDAD DE DOLOR Y CONSUELO Deborah y Christina perdieron hijos, marido y casa en los ataques de Boko Haram, pero ni siquiera este gran sufrimiento ha hecho tambalear su confianza en la providencia de Dios. Un día, mientras Deborah charlaba con un vecino bajo un árbol de mango, cinco jóvenes se acercaron, bajaron de su vehículo armados con ametralladoras y caminaron decididamente hacia su casa. Sus sobrinas, Palmata, de 9 años, y Kumai, de 7, a quienes había adoptado, comían un bocadillo después de la escuela justo delante de la puerta principal, mientras el marido de Deborah estaba sentado dentro de la casa preparándose para un estudio bíblico esa tarde. Deborah se apresuró a seguirlos hasta su casa, pero uno de los hombres la detuvo en el pasillo. «¡Tienes que tirarte al suelo!», le ordenó con voz áspera. Mientras estaba tumbada boca abajo, el hombre armado le clavó la bota en la parte baja de la espalda. Entonces oyó cuatro disparos en la habitación donde su marido estaba estudiando. Sobrecogida por el terror, Deborah se puso a orar. Ella creía que sería la siguiente. Para su sorpresa, los asesinos la dejaron agachada en el pasillo. Sin embargo, cuando salieron,
Leer másUNA HIJA TRAICIONADA Ruth estaba hojeando la Biblia en su habitación cuando entró su hermana menor. «¡Mamá, Ruth tiene uno de esos libros que pertenecen a los cristianos!», gritó su hermana mientras salía corriendo de la habitación. Presa del pánico, Ruth metió la Biblia bajo el colchón. La madre y la hermana de Ruth registraron la habitación en busca del libro prohibido, pero de alguna manera lo pasaron por alto aunque voltearon el colchón. «Si encuentro una Biblia, solo Alá podrá salvarte», le advirtió su madre. Ruth vivía en un pueblo musulmán situado en el estado de Adamawa en el norte de Nigeria. Ella y sus hermanos vivían con su madre, mientras su padre mantenía a la familia por medio de trabajar en otro estado. Al igual que el 60% de las niñas musulmanas del norte, Ruth nunca aprendió a leer. A los 19 años, todavía pasaba los días ayudando a su madre en las tareas domésticas. Ruth no tenía una buena opinión de los cristianos. Eran unos infieles, y los que conocía se comportaban de forma inmoral. Sin embargo, un chico cristiano, el hijo de un pastor, siempre inclinaba la cabeza cortésmente y sonreía cuando ella pasaba. Sin embargo,
Leer másLA COSTOSA ELECCIÓN DE CECILIA Cecilia todavía estaba de duelo por la muerte de su esposo cuando Habib Kabunda comenzó a visitar su pequeño pueblo en Uganda. Aunque él era musulmán y ella cristiana, Habib había sido amigo del marido de Cecilia. Entonces, cuando él le propuso matrimonio, la tribu de Cecilia votó para que ella se casara con él y Cecilia aceptó. Sus hijos necesitaban un padre y ella no tenía medios para mantener a su familia. Después de su matrimonio, que requirió que Cecilia se convirtiera al islam, Habib se mudó a la casa de paredes de barro de Cecilia, donde tuvieron hijos juntos y eventualmente se convirtieron en una familia de nueve. Habib trabajaba, Cecilia se ocupaba de la casa y la vida parecía volver a la normalidad. Sin embargo, con el paso de los años, Cecilia se sintió cada vez más incómoda con la fe islámica que había adoptado. Se sentía vacía y deprimida, y las palabras de los clérigos de la mezquita no significaban nada para ella. Al reconocer que el problema era espiritual, supo que tenía que tomar una decisión. «Me di cuenta de que tenía que parar allí mismo y volver a Cristo»,
Leer másLA FE LIBRE DE RIESGOS NO EXISTE Mientras Mee preparaba una comida en su pequeña cocina al aire libre una tarde de 2008, un hombre se le acercó con una confesión impactante. «Lo siento mucho —comenzó el hombre—. Traté de matar a su marido hace dos años. Le disparé y fallé. Desde entonces, he estado viendo a su marido hacer cosas y ayudar a la gente. Es un buen hombre». El hombre que se dirigió a Mee en su aldea en el sur de Laos había sido un francotirador del gobierno comunista del país, y había tratado de matar a su esposo, Vang, debido a su trabajo de evangelización. Durante dos años, Mee y Vang habían trabajado en desarrollar relaciones y compartir el evangelio con miembros de la comunidad budista de influencia animista. Después de confesarse con Mee, el francotirador le mostró una Biblia que había robado de la aldea. Dijo que había sentido una profunda vergüenza después de años de matar gente, pero que había encontrado esperanza en la Biblia cristiana. «¡Su Dios es bueno! —dijo sonriendo—. No puedo devolver este libro. Quiero quedármelo. Lo siento mucho». Mee, le devolvió la sonrisa, y pudo ver al Espíritu Santo en
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