Honra a tu padre y a tu madre
Uzbekistán
Anton frunció el ceño y presionó el botón de “finalizar llamada” en su teléfono después de no recibir respuesta de su madre, Mussalam, en Uzbekistán. Él usualmente hablaba con ella cada dos días desde su casa en Rusia, por lo que se preocupó cuando, en 2019, ella dejó de responder sus llamadas. Como su madre y su padre tenían más de 70 años, decidió hacer el viaje de regreso a su ciudad natal en Uzbekistán para ver cómo estaban.
Anton se dirigió directamente a la casa de sus padres, un lugar cómodo construido alrededor de un patio central. Golpeó la puerta de metal en la oscuridad hasta que su hermano abrió una pequeña reja en la puerta para ver quién estaba ahí. Curiosamente, cuando el hermano de Anton lo vio, se volteó y habló hacia la casa: “Anton está aquí. ¿Qué debo hacer?”. Después de que su hermano escuchara la respuesta de alguien adentro, miró de vuelta a Anton y dijo: “Adiós. Vete”.
“Pero ¿dónde está mi madre?”, Anton insistió. “Ella está en Tashkent con nuestra hermana; está enferma”, respondió su hermano mientras cerraba la rejilla. Sin saber a dónde ir después, Anton pasó la noche en la casa de un vecino. Algo parecía muy mal. Tenía que averiguar dónde estaba su madre y por qué su hermano no le permitía entrar a la casa.
Veinte años atrás, una de las hermanas de Anton había puesto su fe en Cristo y había compartido el Evangelio con la familia. A través de su testimonio, Anton y sus padres también habían llegado a la fe en Cristo. Sin embargo, otros cuatro hermanos siguieron siendo musulmanes.
La hermana mayor de Anton, Inessa, era hostil hacia los miembros cristianos de su familia y se molestó mucho cuando su madre, Mussalam, comenzó a dar Biblias a los vecinos. Cuando una de sus hermanas murió inesperadamente, Inessa acusó a su madre de asesinato. Pero una investigación policial absolvió a Mussalam de cualquier delito.
Aunque Inessa era dueña de un restaurante y tenía su propia casa, decidió que también quería la casa de sus padres. Pero cuando ella y sus dos hermanos musulmanes intentaron mudarse ahí, Mussalam y su esposo se opusieron y les dijeron: “No tendremos una convivencia saludable”.
Entonces, los tres hermanos musulmanes demandaron a sus padres, argumentando que planeaban convertir la casa en una iglesia. Y las nueras de Mussalam incluso testificaron falsamente que ella las había obligado a leer la Biblia e ir a la iglesia. Al final, aunque los hermanos musulmanes pelearon mucho, no pudieron proseguir con su demanda.
Aun así, Inessa persistió en su intento de conseguir la casa de sus padres. Difundió rumores entre los vecinos de que su madre tenía problemas mentales, y le pidió a un oficial de la policía local que obligara a su madre a ir a una institución psiquiátrica. Inessa reprendía continuamente a su madre e incluso la golpeaba. Uno de los hermanos de Anton le envió un video clip de Inessa, con un gorro de piel y un abrigo, golpeando a Mussalam en el patio de su propia casa. Anton también recibió una foto del rostro contusionado de su madre después de la paliza.
Ahora, a Anton le preocupaba que su hermana y sus hermanos hubieran hecho algo peor con su madre.
Cuando se despertó la mañana siguiente, fue directamente a la policía. Aunque no parecían ansiosos por ayudar, uno de los oficiales le dijo que Inessa había planeado internar a su madre en un hospital psiquiátrico. “No podía creerlo— dijo Anton—. Yo esperaba algún tipo de acoso por parte de mi hermana y mis hermanos, pero no esto”.
A pesar de sus dudas, Anton decidió ir al hospital para investigar. Quedó devastado cuando vio el nombre de su madre en la lista de pacientes. “Tuve una fuerte tentación de quemar el restaurante y la casa de mi hermana. Quería golpear a mis hermanos”, admitió.

Mussalam pasó varias semanas en un hospital psiquiátrico, donde fue tratada como enferma mental por causa de su fe en Cristo.
Después de insistir para que el jefe de policía liberara a su madre de la institución, Anton fue a la escuela donde Mussalam enseñaba literatura rusa con la intención de pedirle al director de la escuela que testificara que su madre estaba en su sano juicio. Durante su conversación, el director compartió algunas noticias impactantes. Inessa y uno de sus hermanos, junto con dos empleados de su restaurante, irrumpieron en el aula llena con 30 niños y sacaron a Mussalam por la fuerza.
“Fue básicamente un secuestro”, dijo Anton. Inessa había sobornado a la policía para que ignorara la situación mientras tenía a su madre internada en el hospital psiquiátrico, y más tarde admitió que había pagado aún más para tener a su madre encerrada.
“Solo Dios sabe qué tipo de tratamiento recibió —dijo Anton—. La inyectaban para que no pudiera caminar, y ni siquiera podía pensar con claridad”. Mientras tanto, uno de los hermanos de Anton había impedido que su padre saliera de casa o hablara con alguien mientras Mussalam estaba en el hospital.
Mussalam no fue la misma cuando regresó a casa tras varias semanas en la institución. “Mi hija quería lograr que no pudiera reconocer lo que hacía —dijo Mussalam—. Los médicos me sujetaban y me inyectaban”. Y cuando Mussalam pedía ayuda, los médicos y enfermeras le decían: “Debiste haber permanecido en el islam”.
Durante su larga y lenta recuperación, Mussalam continuó luchando física y mentalmente. “Me sentía muy débil y mi memoria no era buena —dijo—. Me dieron algún tipo de medicina que me hacía realmente débil e incapaz de hacer cosas”.
Tres años después de haber sido internada por su hija, Mussalam se ha recuperado por completo. Aunque le preocupaba no poder encontrar otro trabajo, encontró una posición aún mejor que la que tenía y continúa enseñando a tiempo parcial. Dijo que trabajaría más horas si no estuviera prohibido para las personas de su edad según la ley uzbeka.
Mussalam no tiene miedo de decir lo que piensa. Durante un caso judicial resultante de su estancia forzada en el hospital psiquiátrico, un juez musulmán trató de provocarla preguntándole por qué no había hecho la peregrinación islámica. Mussalam respondió valientemente que la peregrinación es una tradición hecha por el hombre y que no es exigida por Dios.
Anton y su hermana cristiana continúan visitando y cuidando a sus padres, que asisten fielmente a una de las pocas iglesias en Uzbekistán que han recibido registro oficial desde 2017. Y los vecinos musulmanes de Mussalam han decidido que prefieren tener a la amorosa pareja cristiana en el vecindario en lugar de sus buscapleitos hijos musulmanes.