Anton frunció el ceño y presionó el botón de “finalizar llamada” en su teléfono después de no recibir respuesta de su madre, Mussalam, en Uzbekistán. Él usualmente hablaba con ella cada dos días desde su casa en Rusia, por lo que se preocupó cuando, en 2019, ella dejó de responder sus llamadas. Como su madre y su padre tenían más de 70 años, decidió hacer el viaje de regreso a su ciudad natal en Uzbekistán para ver cómo estaban. Anton se dirigió directamente a la casa de sus padres, un lugar cómodo construido alrededor de un patio central. Golpeó la puerta de metal en la oscuridad hasta que su hermano abrió una pequeña reja en la puerta para ver quién estaba ahí. Curiosamente, cuando el hermano de Anton lo vio, se volteó y habló hacia la casa: “Anton está aquí. ¿Qué debo hacer?”. Después de que su hermano escuchara la respuesta de alguien adentro, miró de vuelta a Anton y dijo: “Adiós. Vete”. “Pero ¿dónde está mi madre?”, Anton insistió. “Ella está en Tashkent con nuestra hermana; está enferma”, respondió su hermano mientras cerraba la rejilla. Sin saber a dónde ir después, Anton pasó la noche en la casa de
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