David, María y sus tres hijos se han acostumbrado a la violencia de la guerrilla desde que se mudaron en 2005 al municipio colombiano de Arauquita para dirigir una iglesia.

Comenzando con 120 miembros, su iglesia creció a 300 adoradores después de que la pareja plantó dos iglesias más en el área. Pero el crecimiento de la iglesia es uno de los pocos aspectos positivos en un área muy conocida por la violencia y el tráfico de drogas a manos de dos violentos grupos marxistas —las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Aunque las FARC firmaron un acuerdo de paz con el Gobierno colombiano en 2016, muchos guerrilleros disidentes se han reorganizado.

El hijo de David y María fue alcanzado por la bala perdida de un guerrillero cuando tenía tan solo 9 años.

Poco después de que la familia se mudara a Arauquita, un pueblo de más de 40.000 habitantes, David y María supieron qué tan peligroso era su nuevo hogar. Mientras su hijo de 9 años regresaba de comprar un encargo de su madre, dos balas perdidas de la guerrilla le dieron en el cuello, una de esas balas estuvo a un milímetro de alcanzar una de sus arterias principales. Ahora completamente recuperado, el muchacho ayuda a dirigir la adoración en una de las iglesias junto a sus dos hermanos.

La familia también ha recibido amenazas anónimas. Hace unos años, alguien deslizó una nota debajo de la puerta de su casa advirtiendo que serían asesinados si no se marchaban en 24 horas. David dijo que nunca olvidará cómo empalideció la cara de su esposa cuando tomó la nota y la leyó.

La pareja nunca supo quién puso la nota debajo de su puerta, pero saben que como predicadores del Evangelio no son particularmente bienvenidos en el área controlada por los rebeldes. Decidieron continuar su trabajo en el pueblo a pesar de las amenazas, y en el último año se han enfrentado a un nuevo nivel de peligro.

A principios de 2021, dos grupos guerrilleros se enfrentaron en una batalla cerca del río Arauca, que forma la frontera entre Arauquita, en Colombia, y La Victoria, en Venezuela, una ciudad de diez mil habitantes. El ejército de Venezuela supuestamente ha apoyado a uno de los grupos guerrilleros, lanzando bombas sobre ubicaciones del enemigo. Y algunas de las explosiones han, literalmente, sacudido la iglesia de David y María.

“Se oyen bombas y disparos cada noche —dijo María—. Al predicar en la iglesia, el edificio se sacude debido a las bombas”. Para confirmar el informe de su esposa, David compartió videos grabados con teléfonos celulares con disparos y explosiones claramente audibles en el fondo.

Luego David compartió el video de un refugio que su iglesia proporcionó a algunos de los cinco mil venezolanos que han sido desplazados por el conflicto. El video mostraba una gran zona abierta llena de tiendas de campaña, donde David nos informó que muchas de las familias habían estado viviendo desde que comenzó el conflicto en marzo de 2021. La iglesia alimentó y cuidó fielmente a las familias, independientemente de su fe o su falta de fe. En el video, se puede escuchar a David compartiendo el amor de Cristo con los desplazados por los combates.

“Ha sido una buena manera de compartir el Evangelio —dijo sonriendo—. Hemos sido capaces de dar gloria a Dios porque he visto a Dios respaldándome, cuidándonos en todo momento y en todas las situaciones”.

Mientras explicaba su trabajo, David recibió un mensaje en video de otro líder de la iglesia. “Estamos preocupados aquí y confiamos en el Señor —decía el líder de la iglesia—. Están llegando tropas y tanques, y todo está empezando a ponerse un poco más tenso. Parece que la guerra es inminente, inevitable”.

Mientras David veía el mensaje en video, un sonido fuerte e inexplicable llegó a través del altavoz de su teléfono. Se sacudió cuando lo escuchó. “Estoy asustado —dijo mirando hacia arriba—. Pensé que nos caía una bomba. Aquí se vive en el límite, con la esperanza de no ser bombardeado”.

El ex presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, declaró públicamente que los militares lanzaron ataques contra los grupos rebeldes que operan ilegalmente en su país. Pero algunos expertos creen que los militares simplemente estaban brindando apoyo a uno de los grupos, favoreciéndolos sobre el otro grupo.

Los militares patrullan este río que separa Venezuela y Colombia porque las guerrillas lo cruzan con frecuencia para reclutar combatientes y traficar droga.

Todos los días, venezolanos y colombianos cruzan libremente en bote la permeable frontera entre sus países. Y las guerrillas colombianas cruzan regularmente hacia La Victoria y otras zonas de Venezuela para reclutar combatientes jóvenes y expandir su tráfico de drogas.

David tiene un video de un guerrillero que obligó a tres pastores a recuperar nueve cuerpos de un campo en Venezuela. En el video, la guerrilla muestra a los pastores en el lugar donde estaban los cuerpos. Uno de los pastores en el video, Gabriel, ha pastoreado una iglesia en La Victoria durante cuatro años junto a su esposa, Juliana.

Gabriel dijo que antes del conflicto, 50 personas, en su mayoría colombianos que huían de la violencia de la guerrilla, asistían a los servicios de la iglesia. Pero ahora asiste menos de la mitad. “Debido a todos los problemas que ocurren día y noche con la congregación, ahora cuento con unos 18 miembros —dijo—. Viven con miedo todas las noches”.

Gabriel explicó que él y los otros pastores habían recibido la orden de recuperar los nueve cuerpos hace apenas unos días. “Los militares vinieron y me obligaron a recoger los cadáveres que se habían estado descomponiendo”, dijo.

Cuando Gabriel llegó al lugar donde los cuerpos fueron localizados, fue recibido por más guerrilleros. Uno de ellos tenía una granada en la mano y amenazaba con matar a todos si no hacían lo que se les decía. Se cree que los cuerpos que Gabriel y los otros pastores recuperaron eran combatientes de ambos lados del conflicto.

Juliana no puede evitar preocuparse por la seguridad de Gabriel cuando está fuera. “El día que lo llevaban a recoger a los muertos, yo quería ir —dijo—. No quería que fuera solo. Temía que algo le pasara”. “Ella me dijo: ‘No quiero enviudar tan joven’”, agregó Gabriel.

Maria a veces se siente sola en su ministerio. Pero en una reciente conferencia de pastores, se fortaleció al conocer a otras parejas que ministran en las zonas rojas.

La pareja siempre había escuchado sobre los ataques de la guerrilla contra iglesias en Colombia, y conocían personalmente el edificio de una iglesia que los rebeldes habían bombardeado, matando a todos los que estaban dentro.

Pero ahora, a medida que la guerrilla continúa llegando a Venezuela, la pareja se siente atrapada en el conflicto, con el ejército de su propia nación aparentemente contribuyendo a la violencia.

Después de un descanso muy necesario en una conferencia de pastores en Colombia patrocinada por La Voz de los Mártires (VOM), ambas parejas dijeron que estaban listas para regresar a su trabajo para el Reino.

A pesar de los desafíos que enfrenta Gabriel al pastorear una iglesia en la región, dijo que vale la pena ver a colombianos y venezolanos poner su confianza en Jesucristo. Y dijo que cualquier persecución que se derive de su trabajo ministerial es simplemente parte de seguir a Cristo, quien también fue perseguido. “Creo que [la persecución] es necesaria para madurar en tu fe —dijo Gabriel—. Es difícil, pero te obliga a madurar”.

Cuando un grupo de venezolanos desplazados llegó a la ciudad en marzo de 2021, la iglesia de David y María les sirvió, compartiendo comida y el amor de Cristo.

Nos pide que oremos por la paz en la zona donde trabaja y por que regresen los miembros de su iglesia. Gabriel y su esposa dijeron que creen que Dios usará el conflicto para hacer crecer su iglesia y expandir Su reino en la región. “No quiero que vuelva a ser lo que era —dijo Julian —. Quiero que sea mejor”.

David también está comprometido a continuar su trabajo, que encuentra profundamente satisfactorio. “Encuentro satisfacción cuando la gente viene al Señor —dijo—. Ver familias restauradas, y a los jóvenes deponer sus armas, eso me llena de satisfacción”.

Aunque sabe que continuar con su trabajo significa volver al caos, David dijo que nunca podría pensar en dejar su iglesia y su trabajo. “Todo tiene que ver con el llamado del Señor y saber que es la voluntad de Dios —dijo—. Lo veo todos los días al ver cómo Él me respalda. Dios me llamó a ese lugar”.

Haciendo discípulos donde las bombas caen
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