Al crecer como un musulmán devoto en Etiopía, un país considerado a menudo como una nación de mayoría cristiana, Jemal despreciaba a los seguidores de Jesucristo.

Debatía con entusiasmo con los cristianos, señalando con arrogancia lo que consideraba falacias bíblicas. Acorralaba a los estudiantes cristianos con polémicas preguntas sobre las Escrituras, haciendo que dudaran de su fe y señalaba el Corán como la fuente de la verdad absoluta. En octavo grado, incluso enseñó a otros estudiantes musulmanes cómo hacer que los cristianos convertidos regresaran al islam.

Pero cuando Jemal cursaba la preparatoria, conoció a un exmusulmán llamado Yonas que viajaba por la zona compartiendo el Evangelio con líderes islámicos. Cada vez que Yonas estaba en la ciudad, Jemal debatía con él y le hacía preguntas sobre la fe cristiana.

Con el tiempo, las respuestas de Yonas comenzaron a tener sentido para Jemal. “Fue por Yonas y por la Biblia que conocí de Cristo —dijo—. También busqué en el Corán. Cuando comparé ambos libros, empecé a dejar de lado el Corán y gradualmente empecé a amar la Biblia”.

Jemal compartió lo que Yonas le había enseñado acerca de Jesús y las Escrituras con los jeques e imanes locales con la esperanza de que echaran por tierra las afirmaciones de Yonas. Pero ellos no tuvieron respuestas. Solo le advirtieron sobre los peligros de reunirse con un cristiano que estaba tratando de hacerlo caer en la “trampa”.

Por varios años, Jemal leyó su Biblia y se reunió con Yonas en secreto. Luego, cuando cumplió 20 años, decidió que era hora de poner su fe en Cristo. “Me tomó muchos años decidir —dijo Jemal—. Tenía miedo de asistir a la iglesia y de hablar de Cristo porque si [los islamistas] se enteraban que me había convertido al cristianismo, me dispararían”.

Con el tiempo, la familia de Jemal comenzó a notar cambios en su carácter. Y cuando su padre se enteró de sus reuniones con Yonas, convocó al resto de la familia para confrontar a Jemal.

“¿Eres un penti?”, preguntó uno de los miembros de su familia, usando el término despectivo para un cristiano bíblico.

“Lo soy”, respondió Jemal. Con la aprobación de su padre, los hermanos de Jemal y algunos otros hombres de la aldea golpearon y torturaron a Jemal en un intento de persuadirlo de que volviera al islam. Pero el amor de Jemal por Jesús, que había estado creciendo durante años, lo sostuvo al enfrentar la persecución.

“Prefiero morir que negar a Jesús”, dijo a sus hermanos.

Al darse cuenta de que su hijo no iba a regresar al islam, el padre de Jemal canceló las palizas. Le dijo a Jemal que quería matarlo, pero que no quería ser arrestado por ello. Y en lugar de eso, ordenó a los hermanos de Jemal que reunieran sus pertenencias y las quemaran. Luego le dijo a Jemal que no quería volver a verlo.

“Si te veo —le dijo su padre—, te quemaré vivo”.

Jemal huyó a otra ciudad, donde Yonas había preparado una pequeña habitación para él en su iglesia. Yonas lo recibió como a un hermano. “Si tengo algo de comer, puedes tomarlo —le dijo Yonas—. Si no tengo, podemos orar por algo”.

Con el tiempo, Jemal ingresó a un programa de capacitación para cristianos convertidos del islam y pronto comenzó el trabajo ministerial de tiempo completo. Al completar su entrenamiento, Jemal se casó y regresó a la ciudad donde había vivido anteriormente. Pero la persecución no había terminado.

En 2017, el padre de Jemal envió a una multitud de jóvenes musulmanes radicales para atraparlo y matarlo. Aunque la turba no pudo encontrar a Jemal y a su esposa, encontraron su casa… y la quemaron hasta no quedar nada.

Tras el ataque, una organización cristiana en Etiopía solicitó construir una casa nueva para Jemal, para que pudiera vivir y servir entre ellos, y también para que su padre no pudiera encontrarlo.

Con la ayuda de La Voz de los Mártires (VOM), Jemal y su esposa recibieron una nueva casa. “Alabado sea Dios por el apoyo que me han dado”, dijo.

Jemal dijo que ha escuchado que su padre y sus hermanos todavía intentan encontrarlo, pero él no ha hablado con su familia desde el ataque. “No me darán la oportunidad de sentarme con ellos para poder hablarles de Cristo —dijo Jemal, ahora de 27 años—. Pero ellos saben que el Señor me ha ayudado y ha estado a mi lado”.

Jemal dijo que el Señor lo ha ayudado a ver a sus enemigos bajo una nueva luz; él se niega a odiarlos. “A pesar de que me odiaban y todavía buscan matarme — dijo—, algo en mi ser interior decía: ‘Ama’. Dios tiene otra recompensa para mí. A mí me corresponde amar y alcanzar a estas personas”.

Jemal dijo que recibe un aliento especial de 2 Corintios 4:8-9, y leyó de su Biblia a los obreros de VOM: “Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”.

Parafraseando el versículo 10, continuó: “Siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús sea revelada en nuestro cuerpo”.

Aunque Jemal perdió a su familia, su casa, su tierra y sus pertenencias, dijo que Jesús lo vale. Y que espera que Dios use su nueva vida para Su gloria.

“Lo primero que obtuve es vida eterna —dijo Jemal—. Incluso ahora, si vienen a matarme, a decapitarme, me entregaré por causa de Cristo. Si los musulmanes, después de ver que fui decapitado por causa de Cristo, creen a causa de eso, vale la pena dar mi vida para Cristo”.

Incluso si ellos me matan
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