Casi nadie estaba a favor de que Mai se casara con el pastor Giang. Sus familiares, quienes son comunistas, se opusieron firmemente al matrimonio, al igual que los funcionarios locales del Partido Comunista y sus amigas de la escuela donde trabajaba. «Mi hermano mayor es policía de la ciudad y ocupa una posición muy alta en la provincia —explicó Mai—, y mis dos hermanos menores también son policías. Me [prohibieron] casarme con él». Pero Mai decidió casarse con el pastor Giang en contra de los deseos de sus familiares y amigos, y pronto pagó un precio por ello. Cuando el Gobierno vietnamita se enteró de que se había casado con un pastor y luego confirmó que también se había convertido al cristianismo, la despidieron de su puesto como subdirectora de la escuela. Al principio, Mai se preocupó por estar desempleada, pero Giang, quien había tenido problemas para encontrar trabajo en el pasado, le leyó versículos de las Escrituras y la hizo sentirse segura con respecto a la provisión de Dios. Pronto Mai encontró un nuevo propósito: servir al Señor al lado de su esposo. Con los antecedentes de Mai en educación y la experiencia de Giang en el ministerio, comenzaron

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EL GOLPEADOR SE CONVIERTE EN EL GOLPEADO Paulus no tenía idea de que las palabras del hombre al que estaba golpeando serían proféticas. Siendo un musulmán devoto que trabajaba en la policía, se esforzaba por predicar el islam entre la comunidad cristiana minoritaria de Pakistán, incluso golpeando a muchos cristianos en un esfuerzo por obligarlos a convertirse en musulmanes. Entonces, un día, Paulus conoció a un pastor en un parque. Habló del islam con él  y trató de persuadirlo para que aceptara lo que él consideraba era la única religión verdadera. Pero como seguidor comprometido de Jesucristo, el pastor le dijo a Paulus que no podía convertirse en musulmán. Así que, apegándose a la práctica estándar, Paulus lo atacó violentamente. Entre los dolorosos golpes a la cabeza, el pastor hizo contacto visual con Paulus y le dijo: «Estoy siendo golpeado por causa de Jesucristo, y un día tú también lo serás». Aunque las palabras del hombre dejaron una impresión en él, Paulus no entendería lo que significaban hasta años después. CONOCER A JESÚS La lectura era una gran pasión de Paulus, y un día mientras veía qué había en su librería local, con curiosidad tomó y compró un libro viejo.

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