Cuando Sanjana conoció a Jesucristo a través del testimonio de un vecino, encontró una paz que no conocía. “Por primera vez en mi vida no estaba preocupada, ni tenía miedo; tenía paz”, dijo. Esa paz la sostuvo más tarde, durante cuatro años de tormento. La familia de Sanjana tenía reputación de “buscapleitos”, usaban las armas para resolver conflictos. Al crecer en una zona del Alto Egipto, hogar de cristianos coptos y musulmanes, siempre le sorprendió que cuando sus compañeros cristianos del colegio eran golpeados, aceptaban las palizas con humildad y sin quejarse. Sanjana sufrió encarcelamiento, abuso y palizas por parte de su familia, pero dice que nunca podría renunciar a la paz que ha encontrado en Cristo. Cuando tenía 13 años, Sanjana comenzó a cuestionar a una maestra cristiana sobre su fe. Pero conociendo la reputación de la familia de Sanjana y la historia incendiaria de las relaciones entre musulmanes y cristianos en Egipto, la mujer tuvo demasiado miedo de responderle directamente. En lugar de ello, la maestra dirigió a Sanjana con un vecino cristiano, quien le explicó la fe cristiana durante los siguientes dos años. El cristiano también le dio a Sanjana una copia del Evangelio de Mateo, el
Leer másLos creyentes paquistaníes Tahoor y Aansa se habían preparado bien antes de mudarse al lugar escogido para su ministerio. Obtuvieron maestrías en teología en un seminario, completaron el entrenamiento en misiones, aprendieron el idioma que necesitarían y adoptaron la vestimenta y las prácticas culturales del área donde estarían trabajando. También analizaron con los líderes del ministerio la mejor manera de llegar a las personas de esa región en particular. Así que cuando la pareja y sus dos hijos llegaron al sureste de Pakistán en 2004, se sentían completamente preparados y pensaban que tenían en marcha un buen plan. “Nuestra meta era que seis personas vinieran al Señor cada año”, dijo Tahoor. Pero nada salió según lo planeado. “El primer año no hubo fruto” dijo Aansa. “El segundo año no hubo fruto. Al tercer año, una familia vino a Jesús”. “Dios abrió las puertas ese año”, agregó Tahoor. Siguiendo a Cristo en Pakistán Cerca del 98% de la población de Pakistán es musulmana, al igual que la mayoría de los líderes políticos del país. Los grupos extremistas musulmanes están activos en todo el país, y las estrictas leyes de blasfemia que protegen al islam a veces son utilizadas contra los cristianos.
Leer másThun lloró cuando se enteró que su esposo, Paing, había abandonado el budismo. Preocupada por lo que otros pensarían de su decisión de seguir a Cristo en lugar de las enseñanzas budistas, ella incluso contrató carpinteros para construir un santuario a Buda frente a su casa de bambú de dos habitaciones en Myanmar. Paing, un ex monje budista, ahora comparte el Evangelio en aldeas budistas. Pero Paing, que alguna vez estudió para convertirse en monje budista, no quería discutir con su esposa sobre religión. Él solo quería que ella escuchara el Evangelio. Después de muchos meses de discusiones, Thun seguía desinteresada en seguir a Jesús. Luego, poco después del nacimiento de su primer hijo, Paing le pidió al hombre que había compartido el Evangelio con él que fuera a su casa a visitarlo. Esperaba que su esposa escuchara su conversación acerca de Jesús. Además, él puso una Biblia del lado de la cama de Thun con versículos clave escritos en pedazos de papel que sobresalían entre sus páginas. Oró para que ella al menos la abriera. Pero pasaron muchas semanas sin respuesta. Entonces, un día, el corazón de Thun se ablandó. Después de que Paing compartiera el Evangelio con dos
Leer másDurante años, Paty y Jaime anhelaban servir como misioneros en Turquía. Pero después de un viaje misionero a una comunidad indígena cerca de su casa en Acapulco, México, Paty comenzó a sentir al Espíritu Santo empujándola en otra dirección.
Leer másLa oscuridad parecía apoderarse de la familia de Yashodha en Nepal cuando ella tenía 6 años. Fue cuando se mudaron a un gran templo hindú en una ciudad cercana, donde su padre fue contratado para mantener y limpiar. En su extraño nuevo hogar, Yashodha y su hermano menor, Paras, adoraban con frecuencia ante los ídolos del templo durante horas. “Cuando estábamos en el templo, solíamos despertarnos a las 3 de la mañana —recordó—. Si no nos despertábamos, el sacerdote venía a nosotros y nos echaba agua fría. Eso fue bastante difícil”. Dos años después de mudarse al templo, el padre de Yashodha comenzó a tener episodios similares a una convulsión, temblaba tan violentamente que a veces derribaba cosas. Eventualmente, Yashodha comenzó a experimentar convulsiones similares, y Paras también batalló con enfermedades. Sus problemas de salud continuaron después de dejar el templo y regresar a su aldea, provocando que algunos aldeanos preguntaran abiertamente si la familia había recibido una maldición. La teoría de los aldeanos se fortaleció cuando el padre de Yashodha se rompió varios huesos al caer de un árbol mientras cortaba leña. Los aldeanos tenían miedo de ayudarlo, temiendo que también pudieran ser maldecidos. “Todos en mi familia lloraban
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