En Cuba, las autoridades llegan sin previo aviso.

El 10 de marzo de 2020, un grupo de hombres con mazos apareció en la iglesia del pastor David a las 9 de la mañana. “Querían demoler la iglesia y todo lo que había dentro —relató— y [ellos] comenzaron a destruirla con sus mazos de más de 11 kilos. Llegaron a esa hora cuando la iglesia estaba cerrada, esperando que nadie tratara de detenerlos”.

Cuando el pastor y otros líderes de la iglesia se enteraron, corrieron al sitio y lograron detener al grupo antes de que el techo colapsara. David miraba atónito el edificio de la iglesia destruido. “Imaginen la tristeza que todos teníamos —explicó—, después de muchos años de sacrificio para poder construir una humilde iglesia y cómo la habían demolido injustamente”.

Hace décadas, el líder revolucionario de Cuba, Fidel Castro, estableció un gobierno comunista ateo y prometió expulsar la religión de la isla. Pero los líderes de la iglesia cubana dicen que ha sucedido lo contrario. “Han pasado más de 60 años desde que [Fidel] dijo eso —dijo un líder de la iglesia—, pero hay cristianos en Cuba, en muchas escuelas, en círculos carcelarios secretos y en cada municipio de Cuba. De este a oeste, de norte a sur, Cuba está llena del Evangelio”.

Sin embargo, a medida que aumenta el conocimiento del Evangelio en Cuba, lo hace también el escrutinio del Gobierno. Después de 17 años de adorar juntos, la iglesia del pastor Faustino, de cien miembros, enfrentó en 2021 la misma oposición que la iglesia de David; el Gobierno envió una excavadora para que arrasara completamente con el edificio de la iglesia. Aunque el edificio fue destruido, los miembros de la iglesia continuaron reuniéndose cada día bajo un techo temporal, con la esperanza de persuadir al Gobierno de cambiar su decisión. Los oficiales de seguridad se enfrentaron a los cristianos diariamente, presionándolos para que se fueran, pero los miembros de la iglesia permanecieron fieles a pesar de que más que nada comían cáscaras de arroz.

Otros pastores cubanos han enfrentado presiones aún mayores. Dos han estado encarcelados durante más de un año, y al parecer uno ha sido torturado y tratado como un “criminal contrarrevolucionario “. Aun así, los esfuerzos del Partido Comunista para aplastar iglesias en Cuba con mazos, excavadoras y encarcelamientos continúan fracasando.

Solo queda el techo del edificio de la iglesia del pastor David, pero los creyentes siguen reuniéndose para adorar. Se reúnen en cocheras y cocinas, en campos y debajo de árboles. Y bautizan a los nuevos creyentes en el abrevadero que ellos limpian. “A pesar de todo —señaló David—, la congregación crece más y más”.

Otra pastora, una viuda que lucha por mantener a sus dos hijos adolescentes, desafía a las autoridades que la presionan para que detenga sus actividades en la iglesia. “Yo exijo que muestren qué ley he violado”, dijo. Dado que las autoridades nunca han citado una ley específica, ella continúa su trabajo ministerial.

Los cristianos cubanos, al igual que esta fiel pastora, piden oración para que ellos sigan firmes en su fe.

Un alto funcionario de la ONU le dijo a un pastor que él podía hablar con el papa, con el presidente de los Estados Unidos y con el líder de Cuba en nombre de los cristianos cubanos. “¿Qué le gustaría que les dijera que hagan por la iglesia en Cuba?”, preguntó el funcionario de la ONU.

El pastor respondió que no quieren nada de ellos. “No pedimos que se elimine la persecución —le dijo—. Solo queremos que la iglesia ore para que permanezcamos fieles.”

Mazos, excavadoras y encarcelamientos no detendrán el Evangelio
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