Siendo un joven estudiante musulmán, Hanafi a menudo vestía todo de blanco y, en ocasiones, todo de negro. Llevaba los dos colores para mostrar su identidad islámica y su devoción, mezclándose con otros devotos estudiantes musulmanes.
Hoy viste ropa vibrante, pulseras de silicona de colores y una gran cruz de madera alrededor de su cuello.
Hanafi , ahora de 29 años, admite que está intentando atraer la atención, pero solo por un propósito más alto. Él viste de colores llamativos como una declaración valiente y visible de que él es uno de los pocos cristianos en Níger, una nación de mayoría musulmana.
“Al verme, sabrás mi identidad — dijo—. Si no eres cristiano, tal vez tu corazón te diga algo, y tal vez me hables”.
Quienes hablan con Hanafi no se van sin escuchar su testimonio.
Un mensaje personal
Cuando era adolescente, Hanafi estudiaba el Corán con la esperanza de algún día heredar la posición de su padre como el imán del pueblo. Su padre lo había enviado al vecino país de Nigeria a continuar sus estudios islámicos durante dos años, y mientras estuvo allá, tuvo un sueño acerca de Jesús.
Cuando Hanafi le contó a su imán acerca del sueño, el imán le instó a no contárselo a nadie más. Pero después de que Hanafi terminara sus estudios y regresara casa, tuvo el mismo sueño. Esta vez se lo dijo a su padre.
“No compartas esta historia ni siquiera con tus hermanos —dijo su padre—. ¿Recuerdas lo que le sucedió a José cuando soñó y se lo dijo a sus hermanos?”.
En 2011, el padre de Hanafi lo envió a otra aldea para que asistiera a una escuela secular. Hanafi conoció a una chica allí que estaba planeando casarse con un pastor y, molesto por estos planes, se puso la meta de convertirla al islam. Sin embargo, en lugar de convertirla, Hanafi fue invitado a un servicio en una iglesia, donde pudo observar a los cristianos por sí mismo.
“Cuanto más perseguido eres, más fuerte serás en Jesús”.
El siguiente domingo, Hanafi visitó una iglesia cerca de su casa, pensando que era donde asistía la chica. Pronto notó que se había equivocado, pero decidió quedarse. Quería ver si la iglesia realmente tenía un tiempo de baile, algo que él había escuchado que los cristianos hacían y que él consideraba malo. No vio ningún baile, sin embargo estaba impactado por lo que escuchó: El pastor enseñó que Jesús puede aparecer a la gente en sueños.
“Sentí como si alguien le hubiera contado mi sueño al pastor”, dijo. Nervioso por la experiencia, Hanafi prometió nunca volver a asistir a la iglesia.
Pero, aun sintiéndose confundido y en conflicto, Hanafi decidió volver. A medida que pasaban las semanas, se sentía aún más intrigado por Jesucristo. Un año después, Hanafi , de 18 años, decidió regresar a casa y decirle a su padre que había decidido seguir a Cristo.
Expulsado de la familia
El padre de Hanafi se indignó al saber que su hijo se había vuelto cristiano. Rápidamente llamó a los 15 hermanos de Hanafi y a otros familiares y les dijo: “[Hanafi ] ya no es parte de la familia”.
Mirando a Hanafi , dijo: “A partir de hoy, no me consideres tu padre”. Hanafi dijo que las palabras de su padre fueron muy dolorosas, pero no lo sorprendieron. “Mi pastor me preparó —dijo—, me dijo que mucha gente me perseguiría, y le pregunté: ‘¿Incluso mi papá?’. Me dijo “‘Aun él; prepárate, porque puede suceder’”.
El pastor también le compartió Mateo 10:33: “Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.
“En ese momento, sentí que pasara lo que pasara, no podía negar a Jesús”, compartió Hanafi.
Cuando el padre de Hanafi vio que su hijo no renunciaría a su fe en Cristo, hizo planes para enviarlo de nuevo a Nigeria. Hanafi , preocupado por lo que podría pasarle allá, le pidió a Dios que lo ayudara.
La noche anterior a la partida de Hanafi a Nigeria, su padre lo encerró en una habitación. Alrededor de las cuatro de la mañana, Hanafi se despertó presa del pánico. Después de orar una vez más, se dio cuenta de que podía forzar y abrir la puerta de su habitación. Así que Hanafi empujó la puerta con todas sus fuerzas, la abrió y huyó en la noche.
A la tarde siguiente, llegó a un pueblo vecino y se reunió con su pastor, pero aún no se sentía seguro. “Ellos pueden seguirme y encontrarme donde quiera que esté”, le dijo al pastor.
Pasión por el evangelismo
El pastor ayudó a Hanafi a mudarse a otra ciudad, donde se inscribió en una escuela bíblica y se graduó en tres años.
Nueve meses después, tras enterarse de la muerte de su padre, Hanafi regresó a su hogar para llorar con su familia. Al estar allí, descubrió que su padre no le había dejado herencia. Herido, pero confiando en que Dios proveería, Hanafi regresó a su aldea y a su iglesia.
Hanafi se inscribió en una escuela de comercio y estudió para convertirse en mecánico. Sin embargo, al mismo tiempo, estaba siendo discipulado, y su pasión por el evangelismo iba creciendo. “Dios puso en mi corazón ese fuego de compartir el Evangelio dondequiera que voy —dijo—. Cuando me encuentro con un musulmán, tengo que decirle que soy cristiano y comparto el Evangelio con él”.

Aunque los islamistas atacan a los cristianos con más frecuencia en Níger, los seguidores de Cristo obedecen valientemente Su Mandato de proclamar el Evangelio y bautizar a los nuevos creyentes.
Proclamar el Evangelio en Níger no es fácil. Los islamistas atacan regularmente a cristianos en las regiones fronterizas del país, y los aldeanos persiguen a los que dejan el islam para seguir a Cristo. Decidido a alcanzar a los musulmanes con la verdad de la Palabra de Dios, Hanafi comenzó a pensar en estrategias creativas, como usar el teatro y la radio. Se sintió llamado a discipular a tantos jóvenes creyentes como pudiera.
“Estoy muy seguro de que no moriré hasta que vea a muchos musulmanes venir al Señor”, dijo. Y mientras comparte el Evangelio con los musulmanes, Hanafi no teme a la persecución. “Para mí, la persecución es parte del crecimiento — dijo—. Cuanto más perseguido eres, más fuerte serás en Jesús”.
Hanafi dijo que quiere hacer más por Dios que solo asistir a la iglesia. Quiere ser utilizado por Él para llegar a los musulmanes. Pide nuestras oraciones para que el Evangelio siga extendiéndose por todo Níger y que él pueda ayudar a los cristianos perseguidos allá.
“Oren también para que siga ardiendo en mí el fuego por evangelizar, que Dios me fortalezca pase lo que pase —dijo—, incluso si pierdo la vida. Quiero predicar el Evangelio en todas partes, aunque me convierta en mártir”.