El pastor Karwan y su esposa saben que los islamistas son menos propensos a matar a una mujer que a un hombre en la cultura iraquí. Así que cuando llaman a su puerta, la esposa de Karwan casi siempre responde. “En nuestra casa —explicó—, siempre esperamos que alguien venga y me mate. No hay un momento en mi vida que no lo espere”.

La hostilidad contra Karwan, a menudo expresada por un contundente mensaje de “Te mataremos” en las redes sociales, es la reacción a su evangelismo en línea hacia la gran población musulmana del país. Muchos musulmanes han conocido a Cristo a través de su sitio web, y otros más están claramente descontentos con ello.

Pero el peligro constante es una realidad para muchos cristianos en Irak, especialmente para aquellos que abandonaron el islam para seguir a Cristo. Karwan fue criado como un ferviente musulmán, siguiendo una interpretación estricta del islam que cumple con detenimiento la sharia, o ley islámica. Nunca faltó a un tiempo de oración y era un elemento habitual en su mezquita local.

“Yo era muy radical —dijo—. Le pedí a Alá que me usara para compartir el islam entre los kafirs cristianos [un término despectivo para los no musulmanes]. Planeé ir a Europa y Estados Unidos para compartir el islam. Pensé en ir a la yihad”.

Karwan dijo que en aquel momento su pasión por la “guerra santa” era similar a la de los extremistas musulmanes como el autoproclamado Estado Islámico (ISIS), un grupo que ha matado a un número incontable de cristianos en Irak y otras partes del mundo. “La yihad es matar a gente por Alá y morir en la lucha”, dijo.

Aunque de adolescente fue un ferviente musulmán, como estudiante universitario Karwan planteaba preguntas sobre Alá que ninguno de sus maestros del Corán respondía. “En el islam, es muy peligroso preguntar [de Alá] —dijo—. La gente dice que no eres bueno si preguntas [por Alá]”.

A Karwan le atormentaban las preguntas. Recorrió Internet y la biblioteca de su universidad en busca de respuestas, incluso investigó el hinduismo, el budismo y la religión persa del zoroastrismo.

Entonces comenzó a leer el Nuevo Testamento y una sensación de paz llenó su corazón. “En ese momento — dijo—, no conocía la fuente de esta paz. Pero ahora sé que viene del Espíritu Santo”.

Sin la guía o el apoyo de otro cristiano, Karwan puso su fe en Cristo. E inmediatamente comenzó a contárselo a sus amigos y familiares. Algunos pensaron que estaba loco, y otros se enfurecieron.

“Crearon una fogata para quemar mis libros —dijo—, especialmente mi Biblia en árabe”. Karwan partió su Biblia en pedazos para poder esconderla más fácilmente. Todavía conserva y atesora esa Biblia fragmentada que sobrevivió a aquella búsqueda.

Aunque la familia de Karwan trató de obligarlo a regresar al islam, él continuó estudiando la Palabra de Dios y hablando a otros sobre su fe. Dijo que su familia estaba muy avergonzada por su negativa a regresar al islam.

Entonces, un día, el jefe de seguridad local convocó a Karwan para hablar. “¿Por qué vives aquí? —preguntó el funcionario—. Sabes que los radicales planean matarte. Un día lo harán”.

Reconociendo la sabiduría en la advertencia del hombre, Karwan, con renuencia, decidió dejar su ciudad. Y después de mudarse, volvió a dar testimonio de Cristo y crecer en la fe. Y mientras estudiaba la Biblia por correspondencia, sintió que el Señor lo guiaba a comenzar una iglesia. “Tuve una visión —dijo—. Había tumbas a mi alrededor, y yo golpeaba las tumbas y la gente salía”.

La mayoría de las personas que se han convertido en seguidores de Cristo a través del ministerio de Karwan son exmusulmanes que rechazaron el islam en busca del verdadero Dios, quien consuela las almas. Muchos se han bautizado, y su iglesia ha crecido a más de cien miembros.

Sin embargo, las autoridades locales han cerrado la iglesia de Karwan varias veces, y los musulmanes radicales regularmente lo insultan y amenazan por Internet. Dijo que la advertencia típica es: “Si supiera dónde vives, iría a matarte”. En una ocasión, alguien hackeó el sitio web de la iglesia, borró todos los contactos y conversaciones, y publicó una gran imagen de la bandera de ISIS.

Pero las mayores amenazas que reciben los miembros de la iglesia son de familiares enfurecidos; varios miembros de la iglesia ahora viven escondidos por temor a su propia familia. Una mujer le dijo a Karwan que, si su familia la encontraba, la quemaría hasta la muerte.

En el verano de 2023, un amigo de Karwan llamado Youssef fue asesinado a causa de su fe. Cuando algunos de los amigos musulmanes de Youssef se enteraron de su decisión de seguir a Cristo, le dieron 24 horas para retractarse. Le permitieron una llamada telefónica, que utilizó para hablar con Karwan. Durante su conversación, Youssef le dijo a Karwan que estaba decidido a mantenerse firme en su fe cristiana y que planeaba compartir el Evangelio con sus captores.

“Él era mi amigo —dijo Karwan con voz entrecortada por el dolor—. Los radicales lo mataron”.

Tras el asesinato de Youssef, Karwan reconsideró su vocación pastoral. “Creí que a mí me pasaría lo mismo porque no estamos lejos de ese lugar”, recordó. Además de las amenazas, la familia de Karwan a diario vive el rechazo y persecuciones que resultan dolorosas.

“Recuerdo… —dijo Karwan— cuando mis hijos nos contaron que sus amigos les dijeron: ‘Son inmundos; son muy malos porque son cristianos’. Ellos llegaron a casa y preguntaron: ‘¿Somos inmundos?’”. Con lágrimas en los ojos, Karwan recordó cómo les dijo a sus hijos: “No, a los ojos de Dios somos limpios”.

A pesar de las presiones que él, su familia y su congregación enfrentan, Karwan está decidido a compartir el Evangelio. Regularmente les recuerda a los miembros de su iglesia el ejemplo de Cristo. “Buscaban matarlo [a Cristo] —dijo Karwan—. No somos mayores que nuestro maestro. Si él murió, si fue ejecutado, por supuesto que nos sucederá a nosotros. Es normal”.

Al pedir oración por ánimo y protección para su familia y los miembros de la iglesia, Karwan dijo que seguirá anunciando la verdad de Cristo.

“Incluso si morimos —dijo—, no importa. Somos soldados de Jesucristo. Nuestra responsabilidad en el cuerpo es compartir el Evangelio. Hoy es el día. Proclamemos el reino de Dios”. 

Cuando la muerte espera en la puerta
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