El pastor Li Juncai halló gracia ante las autoridades siempre y cuando su congregación fuera parte de la red de iglesias establecidas y controladas por el Gobierno. Pero después de determinar que solo Dios debía guiar a la iglesia, él perdió el edificio de la iglesia y su libertad. El pastor Li Juncai dirigió una gran iglesia en la provincia china de Henan que durante años fue parte de una red de iglesias controladas por el Gobierno. Sin embargo, se sintió cada vez más incómodo cuando se dio cuenta de cuánto control tenía el Partido Comunista de China (PCCh) sobre la iglesia. El PCCh tiene el derecho de vigilar quién asiste a las iglesias registradas y lo que predican los pastores. También controlan cuándo y cómo se reúne la iglesia. El pastor reconoció que él y su congregación tenían que elegir ser leales a Dios por encima de la lealtad hacia el PCCh, sin importar cuánto pudiera costarles. Así que en 2013, el pastor Li y su congregación dejaron la iglesia controlada por el PCCh “para honrar al Señor Jesús como la única cabeza de la iglesia”. Se unieron a una iglesia local no registrada y se conocieron como la
Leer másLos pastores en la India son humillados y arrestados bajo las leyes anticonversión del país, pero ellos siguen proclamando las Buenas Nuevas de Cristo aun en la prisión. El domingo 5 de Diciembre del 2012, policías y miembros de un grupo radical hindú entraron a la iglesia del pastor Sawan, deteniéndolo a él y a un anciano de la iglesia para interrogarlos. Al parecer, un sacerdote hindú local denunció que Sawan intentó convertirlo a la fuerza al cristianismo. Más tarde, cuando la esposa de Sawan y otros cuatro miembros de la iglesia fueron a la comisaría para ver por qué aún no los habían liberado, también los arrestaron. Después de 45 días, los policías liberaron a todos los cristianos excepto a Sawan, quien se quedó a sufrir las tristes condiciones de la prisión. Se le negó el acceso a una Biblia y, cuando enfermó, lo transfirieron a un hospital de gobierno donde las autoridades encadenaron una de sus piernas a la cama. A pesar de los problemas, Sawan aprovechó al máximo su tiempo bajo custodia. Aunque no tenía una Biblia, él meditaba sobre los versículos que había memorizado. Y durante el recreo de las mañanas compartía el Evangelio con otros
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