LA CÁRCEL ARREGLÓ SU TEOLOGÍA

Cuando Reza, de 36 años, depositó su fe en Cristo hace doce años, tras comparar al Jesucristo de la Biblia con el Jesús del que había leído en el Corán, comenzó a vivir su nueva fe con ahínco.

Trabajó con otros cristianos para hacer llegar la Palabra de Dios a los musulmanes de todo Irán, el cual décadas antes había adoptado el islam chií como la religión oficial del Estado. Él y un amigo llegaron a duplicar y distribuir miles de CD y DVD con el mensaje del evangelio.

Reza quería llevar a la gente a Jesús y ayudar a construir el reino de Dios, pero sus motivos eran cada vez más confusos. Se preocupaba más por el número de personas a las que llegaba que por las personas mismas.

Entonces, un día, fue arrestado y encarcelado por evangelizar. «Cuando miro hacia atrás, le agradezco al Señor por haber pasado por eso porque realmente edificó mi carácter como cristiano —dijo Reza—. Sabía que había muchas cosas en mi teología cristiana que necesitaban arreglo. Creo que Dios usó ese momento para arreglar lo que hacía falta».

ESPERANZA EXTRAVIADA

Un día de verano de 2011, Reza y un amigo cristiano recorrieron en motocicleta un grupo de aldeas no alcanzadas del noroeste de Irán para distribuir Nuevos Testamentos a quien fuera que estuviera dispuesto a aceptarlos. De repente, miembros de la policía secreta Iraní comenzaron a perseguirlos en un coche sin identificación oficial. Cuando el amigo de Reza aceleró a unos 100 km/h chocó contra una roca, lo cual hizo que los dos evangelistas salieran volando por los aires.

Los agentes en ropa de civil corrieron hacia los dos hombres maltrechos y ensangrentados que yacían en el suelo, pero no para ayudarlos. Dos agentes levantaron a Reza solo para darle una patada en el pie izquierdo, que se había roto, y verlo caer de nuevo. Su brutalidad envió un mensaje claro: no más evangelización.

Reza y su amigo fueron llevados a un centro de interrogatorios donde se les acusó de ser espías de los Estados Unidos, del Reino Unido y de Israel. Una noche en la cárcel se convirtió en muchas noches, sin final a la vista.

Adolorido, hambriento y cada vez más preocupado por los ocasionales gemidos de tortura que escuchaba en las celdas cercanas, la mente de Reza comenzó a acelerarse. ¿Qué pasaría después? ¿Qué respuestas podría dar que no pusieran en peligro la vida de otros creyentes? Lo único que podía hacer era orar. Poco a poco sintió que Dios cambiaba su corazón.

Durante su estancia en prisión, Reza se dio cuenta de que no había depositado plenamente su esperanza en Cristo. Empezó a ver cuántas veces había fallado en ese objetivo.

«Esa fue la experiencia más importante que obtuve —dijo Reza—. Como cristianos, podemos construir cosas sin tener nuestra esperanza puesta en el cielo. A veces solo queremos ver resultados en este mundo y, normalmente, eso nos destruye a nosotros y a la gente que nos rodea».

También aprendió a obedecer el mandato bíblico constante de «no temer».

«Se siente un gran temor cuando pasas por esto, y el Señor te muestra: “Si estás conmigo, no debes tener ningún temor”, esa es mi experiencia. Me encanta eso y estoy agradecido por la experiencia».

La tercera lección que aprendió es lo que significa el verdadero amor. Mientras estaba en la cárcel se preguntó si amaba a la gente que no pertenecía la iglesia tanto como amaba a sus hermanos y hermanas en Cristo. Entonces se preguntó si realmente amaba a quienes pretendían derribarlo por medio de meterlo en la cárcel.

«Jesús habla de amar a los demás —dijo—. Le he predicado eso a la gente, pero cuando pasas por esta experiencia, tienes que practicarlo. Se vuelve real para ti, y entonces puedes entenderlo».

Tras cuarenta días en la cárcel, el padre de Reza pagó la fianza y fue puesto en libertad temporalmente. Al salir de su celda se llevó consigo las lecciones que Dios le había enseñado, junto con un sueño.

ALCANZAR DESDE FUERA

Dos semanas después de que Reza fuera puesto en libertad bajo fianza, sus amigos se organizaron para ayudarlo a escapar a Turquía. Como pensaba que tenía veinticuatro horas antes de que lo volvieran a detener, huyó hacia la frontera con su todavía frágil pie izquierdo. Cuando llegó al tramo de la frontera entre Irán y Armenia donde debía cruzar para llegar a Turquía, estaba cerrado.

Mientras pensaba qué hacer a continuación, Reza recordó un sueño que tuvo durante su tiempo en la cárcel en el que Dios lo llamaba a construir un ministerio para los iraníes lo más cerca posible de Irán. Al darse cuenta de que el sueño podría haber venido realmente de Dios, decidió viajar hacia el país de Asia Central que había aparecido en su sueño.

Tras trasladarse al nuevo país, las autoridades iraníes siguieron intimidando a Reza, y en una ocasión le enviaron una nota que decía: «Te mataremos. No estás muy lejos de nosotros. Este es un país pequeño y no es un país fuerte. Podemos hacer cualquier cosa allí, ¿sabes?».

Aunque también recibe amenazas de muerte de la comunidad musulmana local, Reza disfruta ahora de un nivel de libertad que nunca había experimentado como cristiano en Irán. Incluso ha conseguido fundar una iglesia en el corazón de la comunidad musulmana.

Reza, ahora casado y padre de una hija pequeña, ha obtenido la ciudadanía de su nuevo país. Aunque nunca ha regresado a Irán, sigue apoyando una red de iglesias allí y trabaja para difundir el evangelio dentro del país. «Lo mejor que puedo dar a mi nación es la salvación en Jesucristo —dijo—. Eso es lo único que puede liberar a una nación».

Además, ha puesto en marcha un centro de formación de líderes de iglesias caseras en Irán y un centro de rehabilitación para drogadictos iraníes en su nuevo país. También ha ayudado a poner en marcha programas de discipulado y evangelismo en los países vecinos de Irán. VOM ayuda a financiar esta labor.

A man talking to another man in a truck

Reza no deja de sorprenderse por la providencia de Dios. Al poner la base de su ministerio en un país cercano, como se le sugirió en su sueño, puede enviar fácilmente misioneros a Irán. Dijo que sigue habiendo una profunda hambre del evangelio en Irán, algo que no ve donde vive ahora. Su mayor oración es que los nuevos creyentes tengan oportunidades de profundizar en su fe.

«La iglesia iraní está creciendo, pero tenemos menos discipulado —dijo—. Tenemos que orar para que podamos hacer más discípulos de estos nuevos creyentes que llegan a la fe». Añadió que hay muchos pastores dentro y fuera de Irán que están dispuestos a sacrificar sus vidas por el evangelio.

«Están dispuestos a hacer lo que sea por el llamado de Dios», dijo. Compartir el evangelio en Irán es increíblemente arriesgado. Los cristianos que hablan de Jesucristo están conscientes de que el gobierno utiliza una red de espías para impedir la evangelización. También saben que los familiares, amigos y vecinos musulmanes pueden denunciarlos a las autoridades en cualquier momento. Sin embargo, también entienden que las Escrituras nos dicen que debemos esperar persecución.

Reza reconoce que la persecución forma parte del plan de Dios, y espera seguir enfrentándose a la oposición mientras ayuda a movilizar a los evangelistas en Irán. Pero después de aprender en la cárcel a poner su esperanza plenamente en Jesús, a vivir sin miedo y a amar de verdad a los musulmanes, confía en que podrá soportar cualquier persecución que se le presente.

Distribuidor de la Biblia iraní encarcelado sueña con un nuevo ministerio
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