Al crecer como budista en Nepal, Min Maya se burlaba de sus amigos cristianos. De vez en cuando visitaba la iglesia en su aldea para obtener útiles escolares gratuitos, pero por lo demás no tenía ningún interés en el cristianismo, y a su madre ni siquiera le gustaba que aceptara lápices y papel gratis de la iglesia. La madre de Min Maya era una lama budista que realizaba rituales para bendecir a muchos aldeanos que solicitaban sus servicios. Así que cada mañana, Min Maya debía unirse al culto budista en el santuario familiar. Cuando tuvo la edad suficiente para dejar la casa de sus padres, Min Maya se mudó con su hermana mayor a la capital nepalí, Katmandú, donde abundaban los empleos y la paga era mejor. Mientras estuvo en Katmandú, enfermó gravemente y su madre envió sacerdotes budistas para brindarle remedios. La salud de Min Maya permaneció sin cambios, por lo que su hermana, Suku Maya, que había recibido una Biblia de un amigo cristiano, invitó a algunos cristianos a orar por ella. La salud de Min Maya mejoró rápidamente, pero le preocupaba que aceptar las oraciones de los cristianos pudiera significar que tenía que convertirse en cristiana. Después,
Leer másA los 25 años, Abdul había logrado su objetivo de convertirse en imán. Casi al mismo tiempo, también comenzó a enseñar árabe, el idioma del Corán y otros textos islámicos, a jóvenes estudiantes en Bangladés. Después de estudiar y enseñar los textos durante los siguientes 25 años, se sintió atraído por el profeta Isa (Jesús), mencionado en el Corán. Aunque nunca había leído una Biblia, Abdul sintió que tenía que haber más acerca de Jesús que lo que había aprendido a través de sus estudios islámicos. Una noche, mientras manejaba su bicicleta, Abdul, que para ese momento tenía 50 años, se encontró por varios minutos con lo que parecía ser una luz brillante y se vio obligado a detener su bicicleta debajo de un árbol. Luego oyó una voz que le hablaba. “Era claro que alguien me hablaba —recordó Abdul—. Me quedé allí y no vi nada. No tenía miedo, pero me quedé allí y escuché”. “No vayas por este camino; toma este otro”, dijo la voz. Confundido, se fue a casa en su bicicleta. Algún tiempo después, mientras caminaba solo por la noche, volvió a escuchar la voz. “Hay tantos profetas, tantos que han muerto —dijo la voz—. Pero
Leer másDereje Tekle, un obrero de la primera línea de batalla ministerial en el sur de Etiopía, habló recientemente con los estudiantes de la escuela misionera de la cual se graduó. Les compartió sobre su formación cristiana en un área predominantemente musulmana y la persecución que sufrió como resultado del crecimiento de la iglesia en esa región. En 2017, los musulmanes amotinados golpearon, agredieron sexualmente y mataron a muchos cristianos, destruyendo más de dos mil casas y más de una docena de iglesias en un intento de expulsar a los cristianos de la región. El siguiente es un extracto editado del testimonio que compartió con los estudiantes.
Leer másCuando Duang Ma Nee conoció a Cristo a los 23 años, su vida era un desastre. “Estaba bebiendo mucho y me embriagaba muchas veces — dijo—. Siempre coqueteaba con mujeres”. Pero varios de sus parientes habían puesto su fe en Cristo, y Duang notó que sus vidas habían mejorado. Así que cuando su cuñado compartió el Evangelio con él en 2004, Duang puso su fe en Cristo. Después de hacerse cristiano, Duang, que enseñaba en una escuela en una ciudad de Laos, dejó de embriagarse con miembros de la junta de educación. Y cuando los miembros de la junta se enteraron de que se había unido a una iglesia local, algunos de ellos lo confrontaron sobre su cambio de comportamiento. “Me citaron en la oficina —dijo Duang—. Me pidieron que dejara mi fe. Me dijeron que iba por el camino equivocado”. La junta amenazó con reubicar a Duang en otra escuela en una parte pobre y rural del distrito escolar si persistía en seguir a Jesús. Pero Duang se negó a dejar a Cristo, así que firmó documentos reconociendo que era su decisión ser transferido. Una nueva forma de vida Transitar por el difícil camino hacia su nuevo hogar y
Leer más“Los guerrilleros obligaron a Luis y a Sofía a cambiar sus planes ministeriales, pero al final, la pareja busca a Dios para su próximo movimiento en las zonas rojas de Colombia“. En 2017, después de varios años de trabajo ministerial en las peligrosas “zonas rojas” controladas por los rebeldes de Colombia, el pastor Luis y su esposa, Sofía, regresaron a si ciudad natal para plantar una iglesia. Aunque sabían que la región montañosa de la selva estaba tomada por miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), un grupo guerrillero marxista, aún creían que podían llevar eficazmente el Evangelio a las 600 personas en la zona. Sin embargo, cuando la iglesia creció a 70 miembros, escucharon rumores de que las FARC los consideraban una amenaza. “Ellos temen a los cristianos porque tenemos principios, nosotros no mentimos. Piensan que los cristianos diremos cosas sobre ellos que no quieren que la gente sepa. También somos difíciles de reclutar, y no cultivaremos plantas de coca para producir cocaína”, comentó. Poco a poco, las FARC trataron de tomar el control de la iglesia, diciéndole a Luis cómo podía y no podía gastar los diezmos y ofrendas de la iglesia. Y poco después, él
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