Mohammed nunca comprendió completamente el Corán cuando era niño. Incluso años más tarde, tras estudiar el libro y convertirse en un líder religioso en su mezquita local en Uganda, se le dificultaba entender el texto.

“Debo admitir que, incluso como imán, no siempre entendí lo que estaba enseñando a la gente en la mezquita”, dijo Mohammed.

En 2020, cuando tenía unos 60 años, los líderes islámicos locales enviaron a Mohammed a unirse a un movimiento musulmán conocido como la Dawa que defiende y promueve el islam, a veces por la fuerza. Aunque Uganda es una nación mayoritariamente cristiana, el islam está creciendo en las regiones fronterizas donde a menudo operan grupos islámicos militantes.

El que eligieran a Mohammed para la Dawa fue visto como un gran honor en su comunidad. Muchos musulmanes en Uganda creen que la Dawa defiende la forma más pura del islam, y que uno puede unirse al grupo solo por invitación.

El objetivo principal de la Dawa es entrenar a los estudiantes en la yihad, o guerra santa. Según Mohammed, a los participantes se les enseña a bombardear iglesias, y a atacar y matar cristianos. También se les obliga a estudiar el Corán y la Biblia para poder contrastar las enseñanzas de los dos libros y persuadir a otros de que el islam es la única religión verdadera.

Los maestros de Mohammed le enseñaron cómo interpretar ciertos versículos de la Biblia de diferentes maneras para usarlos para persuadir a los cristianos de que la Biblia no es verdadera. Pero él se preguntaba por qué tendrían que tergiversar el significado de los textos para discutir con los cristianos. Si la Biblia fuera falsa, pensaba, ya sería obviamente corrupta.

Confundido, Mohammed continuó estudiando la Biblia.

Tras completar su entrenamiento en discipulado, Mohammed regresó y encontró una casa nueva que los miembros de la iglesia habían construido para él y su familia.

En su lectura, se encontró con un pasaje que ordenaba explícitamente a las personas no matar a otras. Esto le asombró porque le habían enseñado, especialmente dentro de la Dawa, que matar cristianos lo ayudaría a llegar al cielo.

“En mi corazón, siempre sentí que estaba mal matar a otros —dijo—, y ahí estaba un Dios que le dice a su pueblo lo mismo. En ese momento, supe que quería seguir al Dios de la Biblia”.

Mohammed sabía que hacerse cristiano sería difícil. Anteriormente había enseñado a otros que según la sharia o ley islámica, un líder islámico que se convierte al cristianismo debe ser ejecutado.

“Sabía que en cualquier momento podía ser decapitado —agregó Mohammed—. Eso me daba miedo, pero también confiaba en el Señor y en que Él me protegería”.

Mohammed trató de dejar discretamente su puesto en la mezquita, pero mucha gente se enteró de su conversión. Un día, un grupo de diez hombres lo confrontó y le preguntó por qué había decidido dejar el islam para seguir a Jesucristo. Tras escuchar cómo Mohammed llegó a su decisión, los hombres también llegaron a la fe en Cristo. Y pronto, se corrió la voz de que Mohammed estaba guiando musulmanes a Cristo.

Días después, cuando Mohammed entró a la ciudad para comprar comestibles, un viejo amigo se le acercó por detrás y puso su mano en el hombro de Mohammed. “Hoy te cortaremos la cabeza”, dijo el hombre.

“Haz lo que quieras”, respondió Mohammed. Luego llegaron otros seis hombres y comenzaron a golpearlo.

“Parecía que habían pasado diez minutos de estar en el suelo mientras me golpeaban y me pateaban —recordó Mohammed—.

Todos empezaron a gritar ‘¡Allahu Akbar! y supe que ahí moriría. Pero antes de que uno de ellos pudiera desenfundar un machete para decapitarme, un grupo de cristianos que pasaba por la calle comenzó a pelear con ellos, apartándolos de mí”.

Cuando llegó la policía, llevaron a Mohammed y a los otros hombres cristianos a un hospital local, donde Mohammed se recuperó durante siete días antes de regresar a casa.

Prefiriendo mostrar a sus atacantes el amor y la paz de Cristo, Mohammed retiró todos los cargos contra los hombres que lo golpearon. Los líderes cristianos de su iglesia lo enviaron a una escuela para ser discipulado durante seis meses mientras disminuían las tensiones en su pueblo.

“He aprendido muchas cosas —dijo Mohammed—, pero para mí, lo más importante de esa época fue cuanto necesité perdonar a mis enemigos”.

Actualmente, Mohammed administra la pequeña granja familiar, criando ganado y cultivando productos para que su familia venda en el mercado.

Después de completar el curso de discipulado y regresar a casa en 2021, Mohammed se sorprendió por el regalo de una casa nueva y sencilla que los miembros de la iglesia le construyeron en un terreno para él y su familia. Ese terreno le ha permitido criar animales y cultivar productos para que su familia venda en el mercado.

Actualmente, Mohammed administra la pequeña granja de su familia y ahora cría solo a sus tres hijos desde la muerte de su esposa hace varios años. Todavía hace una mueca cuando se toca el lado derecho de su cadera, un doloroso recordatorio de la paliza que sufrió a manos de sus ex amigos musulmanes. Su pasión por Cristo es evidente para quienes lo rodean, ya que comparte el Evangelio con tantas personas como le es posible.

Mohammed recientemente comenzó a servir como predicador de tiempo parcial en su iglesia. Y ocasionalmente visita otras iglesias para predicar y compartir su testimonio de cómo la Palabra de Dios lo sacó de una organización islamista violenta y lo llevó a una relación con Jesucristo.

Además, enseña a los creyentes cómo estudiar la Biblia y cómo ayudar a los musulmanes a entender la verdad eterna de la Palabra de Dios.

“Conozco muchos de los trucos [que solían usar los musulmanes], y ahora puedo defender el Evangelio aún mejor —agregó Mohammed—. Sé que todavía podrían intentar matarme, pero ya soy un anciano. Compartiré la verdad con todos los que pueda para que [si me matan], al menos algunos hayan aceptado al Señor”.

El islamista que estudió la Palabra de Dios
Categorías: Historia, Oración