Encontrando su propio camino
China, Corea Del Norte, Laos
Con su padre misionero en un campo de trabajo de Corea del Norte, Dylan Kim está siguiendo el llamado de Dios para promover Su reino entre los desertores norcoreanos.
Dylan Kim tiene muchos buenos recuerdos del trabajo ministerial de su padre con desertores norcoreanos. Recuerda que por el 2006, su padre, Kim Jong-Wook, dividía su tiempo entre Corea del Sur y China mientras servía y proclamaba el Evangelio a los norcoreanos. En 2008, cuando Dylan era un adolescente, su familia se mudó de Corea del Sur a Dandong, China, una gran ciudad portuaria apenas cruzando el río Yalu desde Corea del Norte. Allí, Dylan sirvió junto a su padre.
“Adorábamos juntos con desertores norcoreanos en diferentes áreas — dijo Dylan—. Les dábamos un lugar para quedarse, comida y hacíamos entrenamiento de discipulado con ellos”. Dylan también veía a su padre capacitar a cada uno de los creyentes en evangelismo, en caso de que alguna vez regresaran a Corea del Norte.
A principios de 2012, Dylan, entonces de 17 años, regresó a Corea del Sur para ir a la universidad. Y en septiembre del año siguiente, su padre fue a Corea del Sur para visitar a Dylan y a su hermano mayor. “Nos dijo que estaba planeando ir a Corea del Norte —dijo Dylan, evocando el último recuerdo de su padre—. Y que solo entraría por corto tiempo y saldría”.
Kim Jong-Wook fue arrestado un mes después de entrar a Corea del Norte.
Continuando el ministerio
Dylan y el resto de su familia no se sorprendieron por el arresto de su padre, del que se enteraron a través de una conferencia de prensa. Kim Jong-Wook ya había sido detenido en otros países, como Laos, por ayudar ilegalmente a desertores norcoreanos. En ese momento, China estaba presionando a Laos y a otros países cercanos para que repatriaran a los norcoreanos.
Dylan cree que a su padre no le sorprendió ser arrestado en Corea del Norte. “Mi padre nos explicó sobre su llamado a las misiones norcoreanas y que estaba arriesgando su vida recordó Dylan de su última visita—. Él tenía suficiente fe para morir si era necesario”.
Algunos piensan que informantes norcoreanos se infiltraron en el círculo íntimo de Kim Jong Wook y lo persuadieron para ingresar a Corea del Norte y poder capturarlo. Él es uno de cuatro misioneros surcoreanos actualmente encarcelados en Corea del Norte y uno de los casi treinta mil cristianos que sufren en prisiones y campos de concentración.
Tras su arresto, Kim Jong-Wook fue condenado por espiar y comenzar iglesias clandestinas. Las autoridades norcoreanas lo condenaron a cadena perpetua en un campo de trabajo, donde los prisioneros a menudo son tratados como animales, obligados a trabajar muchas horas como esclavos y golpeados hasta sangrar. La desnutrición es común, llevando incluso a algunos prisioneros a comer ratas para sobrevivir.
Cuando Dylan supo del arresto de su padre, inmediatamente se volvió a Dios en oración. “No hice preguntas ni culpé a Dios —dijo—. Oré para que Dios nos lo devolviera. También pensé que mi padre sería torturado, así que oré para que no perdiera su fe. A veces orábamos esto juntos como familia, y también oraba yo solo”.

Un trabajo a medio tiempo se convirtió en una vocación para Dylan Kim cuando comenzó a enseñar y discipular a los desertores norcoreanos en Corea del Sur.
Mientras Dylan continuaba orando por su padre, también se enfocaba en su propio llamado. Comenzó a asistir al seminario en el extranjero en 2018, durmiendo poco y perdiendo peso durante su primer semestre. Cuando regresó a Corea del Sur al final del semestre, su tía, preocupada por su salud, programó una cita con el médico. Entonces Dylan se enteró de que había contraído tuberculosis, lo que le hizo permanecer en Corea del Sur durante seis meses para recibir tratamiento y recuperarse.
Mientras se recuperaba de su enfermedad, Dylan trabajó a tiempo parcial con VOM en Corea del Sur, realizando tareas administrativas y de mantenimiento. Después de varios meses, fue contratado a tiempo completo para visitar y ayudar a discipular a desertores norcoreanos en Seúl y Daejeon, y al mismo tiempo continuaba realizando tareas administrativas y trabajando en el mantenimiento de las instalaciones. Él disfruta especialmente enseñar a los desertores norcoreanos. “Cuando enseño la Palabra de Dios a los estudiantes y veo que entienden, me hace feliz”, dijo.
Dylan dijo que las conexiones personales que hace con los norcoreanos le recuerdan el ministerio de su padre. “Vi a desertores norcoreanos pasando por situaciones extremadamente difíciles cuando estuve en China. Y cuando escucho las historias de las dificultades que atraviesan nuestros estudiantes, no es algo nuevo para mí. Me es muy familiar”, dijo Dylan.
Experimentando sanidad
Dylan expresó que al trabajar con VOM en Corea del Sur, Dios le dio múltiples oportunidades para crecer en la fe. “En cada una de estas experiencias, me resistía a dar el siguiente paso — recordó—, pero debido a que es lo que Dios me dio para hacer, avancé. Me he dado cuenta que no estoy haciendo esto por mi propia fuerza, sino por el poder de Dios”.
Además de estas experiencias diarias de crecimiento, Dylan también participa en viajes misioneros. “En estos viajes misioneros, vi por primera vez a desertores norcoreanos predicando el Evangelio a otros desertores norcoreanos—señaló—. Por ejemplo, vi a una persona que es muy tímida, ser extrovertida … y compartiendo el Evangelio. Así que vi el cambio en ellos y el poder del Evangelio”.

También ha tenido muchas oportunidades de compartir su propio testimonio con estudiantes, creando empatía y comunión entre ellos a través del descubrimiento de sufrimientos y experiencias similares. “Muchos de ellos son conmovidos, lloran y oran por mi padre —dijo—. La mayoría de ellos tienen familiares en Corea del Norte”.
Un obrero de la primera línea de batalla ministerial que ha observado el trabajo de Dylan dijo que su relación con los estudiantes norcoreanos ha beneficiado enormemente a Dylan a través del crecimiento personal y la sanidad. “Ellos oran por él, por su padre y por su familia —dijo el obrero de la primera línea de batalla ministerial—, y juntos comparten el dolor de estar separados de sus seres queridos que están dentro de Corea del Norte”.
Dylan no ha tenido noticias sobre su padre desde la conferencia de prensa inicial, pero continúa orando por guía sobre su futuro, convencido de que la mejor manera de seguir los pasos de su padre es atender a su propio llamado. “Quiero que mi trabajo dé gloria a Dios —agregó—. Creo que salvar almas es la obra que hace más feliz a Dios Padre y le da la mayor gloria”.