Bendiciendo a quienes nos maldicen
Nepal
Para Smiti, de 26 años, el viaje hacia la fe en Cristo comenzó siete años antes con una búsqueda desesperada de sanidad de una enfermedad grave. Al igual que muchos nepalíes que buscan ayuda con su salud, su primera parada fue un hechicero local, pero él no pudo hacer nada. Entonces alguien sugirió que una iglesia cristiana cercana podría ayudar.
Cuando la familia de Smiti la llevó a la iglesia, estaba tan enferma que apenas se daba cuenta de lo que sucedía. Pero los cristianos oraron por ella, y ella sanó.
“Antes de eso, mis amigos cristianos solían hablar de Jesús —dijo—, pero yo no sentía que Jesús fuera para mí, Él era para alguien más. Pero después de estar enferma e ir a la iglesia, desde ese día… necesité a Jesús para mí”.
Creciendo en la fe, enfrentando oposición
Así que cuando se enteró de un programa de entrenamiento de discipulado que se centraba en enseñar técnicas agrícolas como una oportunidad para compartir el Evangelio, se interesó mucho. Se unió al programa como becaria en 2019, y un año después recibió entrenamiento adicional de discipulado.

Smiti encuentra gozo en entrenar a otros en evangelismo y discipulado.
“Antes, quería compartir el Evangelio, pero no tenía las habilidades prácticas y no lo hacía regularmente —dijo—. Pero cuando me uní al programa, tuve que salir y compartir más. Este entrenamiento realmente me ayudó a aprender más, y me volví más madura a medida que compartía más”.
Tras completar su discipulado, Smiti ayudó a entrenar a otros en evangelismo y discipulado. “Dar a los demás [como maestra] me trae gozo —dijo—. Cada vez que enseño a otros, realmente les ayuda y a mí me prepara para el futuro”. Smiti dijo que enseña el mismo principio de discipulado que le enseñaron a ella: Mientras trabajas para compartir el Evangelio y hacer nuevos discípulos, asegúrate de enseñar a la próxima generación de discipuladores a seguir tus pasos.
Como obrera de la primera línea de batalla ministerial en áreas remotas de Nepal, Smiti ha enfrentado muchos desafíos. En algunas aldeas, los líderes hindúes locales han prohibido su trabajo ministerial, y otros que se oponen a su trabajo han tratado de lanzar maldiciones contra ella.
“A mi no me desaniman… porque sea cual sea la persecución y dificultades que haya visto, también veo que Dios realmente está obrando”.
Los nepalíes a veces rechazan el Evangelio por temor a que sus dioses o espíritus se ofendan y los abandonen. “Estas comunidades son fuertemente hindúes —dijo Smiti—. Dicen: ‘No puedes compartir acerca de Jesús en este lugar’”. Y los nepalíes que llegan a la fe en Cristo a menudo enfrentan acoso y ataques violentos de parte de nacionalistas hindúes, quienes buscan hacer de Nepal una nación hindú “pura”. Las leyes aprobadas en la última década han hecho que compartir el Evangelio y seguir a Cristo sea arriesgado.
Otra cosa que aleja a muchas personas aleja de la fe cristiana, dijo Smiti, es el estigma de ser un no hindú en Nepal.
“Cuando alguien llega a la fe [en Cristo], su estatus social se vuelve muy bajo — explicó—. Su reputación se ha perdido y su honor en el pueblo desaparecerá. Esto significa ser de casta baja. Los cristianos son considerados como una casta baja en la sociedad”.
Cuando Smiti habla con alguien que teme a este tipo de presión social, le recuerda amablemente que no existe discriminación en el reino de Dios. “A veces, aun otros creyentes se desaniman [por] este tipo de cosas —dijo Smiti—. Yo les insto a que no se desanimen. A mí no me desaniman esas cosas, porque cualquiera que sea la persecución y dificultades que haya visto, también veo que Dios realmente está obrando… en esa situación. Eso me emociona mucho”.
Empoderadas para testificar
Simple y práctico son palabras clave en el ministerio de Smiti. Cuando llegó por primera vez a la aldea donde ha estado trabajando durante un tiempo, rápidamente supo que necesitaría aprender el idioma minoritario que se usa localmente.
Cuando llegué aquí por primera vez, solía hablar con la gente en nepalí —dijo.
Cuando les preguntaba: ‘¿Entiendes?’, la gente decía: ‘¿No sé de qué estás hablando’. Entonces supe que no tenía sentido compartir en nepalí”. Decidida a hablarles de Jesucristo, aprendió el idioma Maithili en solo cinco meses. Al proclamar fielmente el Evangelio, Smiti ha visto a muchos nepalíes llegar a la fe en Cristo y muchos creyentes comienzan a crecer en la fe. Su trabajo ha sido especialmente efectivo entre las mujeres, quienes no están acostumbradas a ver a otras mujeres enseñando.

Smiti es parte de un programa de discipulado que utiliza la educación agrícola como un trampolín para el evangelismo.
“Cuando comenzamos este entrenamiento, las alentamos a pasar tiempo en la Palabra y regresar para compartir su fe —dijo Smiti—. Las mujeres solían pensar que [ellas] no podían hacer nada porque la sociedad les dice que son inútiles. Pero cuando aprenden y comparten con otras, se vuelven más activas y su voz es escuchada, y otras están llegando a la fe”.
Mirando hacia el futuro
Los miembros de la familia de Smiti al principio la presionaban para que dejara el trabajo ministerial, pero han llegado a apoyarla más después de ver el gozo que le trae. Siendo soltera a los 26 años en una cultura donde la mayoría de las niñas se casa a los 14, Smiti sueña con tener algún día un esposo que comparta su corazón por alcanzar a la gente de Nepal con el Evangelio. Mientras tanto, ella continúa buscando nuevas oportunidades para dar a conocer a Cristo mientras entrena y dirige a otros a hacer lo mismo.
“Por favor, oren, ya que estoy planeando mudarme a un área musulmana para trabajar en una comunidad musulmana —dijo—. Oren para que Dios me prepare para ir allá. Oren para que en cualquier cosa que Dios me haya pedido hacer, Su voluntad sea hecha en mi vida”.