Vincentor había escuchado las advertencias sobre militantes islámicos fulani que aterrorizaban el área donde él pastoreaba una iglesia. Y se había unido a otros nigerianos que ayunaban y oraban para que los islamistas detuvieran sus ataques y abandonaran la región.

Pero en junio de 2018, con los recientes ataques rondando mucho en su mente, Vincentor se sintió obligado a hacer su viaje regular de fin de semana hacia la iglesia. Tenía un trabajo que hacer y un llamado que cumplir.

La esposa de Vincentor, Dapma, generalmente viajaba con él, dejando a sus cuatro hijos encargados con familiares. Sin embargo, debido a la reciente violencia, la pareja acordó que Dapma debía quedarse en casa. Antes de partir, Vincentor reunió a su familia para orar. Una de sus hijas, que celebraría su cumpleaños ese fin de semana, le suplicó que se quedara en casa. “Sé paciente”, le dijo Dapma. “Él regresará, y entonces celebraremos tu cumpleaños”.

Más tarde ese mismo día, Dapma llamó a Vincentor para saber cómo se encontraba. Cuando él respondió, ella pudo darse cuenta de que estaba corriendo. “Te llamaré más tarde”, le dijo sin aliento. “Los fulani nos están persiguiendo”.

Antes de que Vincentor apagara el teléfono, Dapma escuchó disparos en el fondo. “Dudé mucho que sobreviviera”, dijo. “Solo escuché los disparos”.

Si bien Dapma no estaba preparada para la muerte de su esposo, la gracia de Dios la ayudó en ese momento. En el recuadro: Dapma y su esposo, el pastor Vincentor.

Dapma intentó comunicarse sin éxito con su esposo durante todo el fin de semana. Entonces, el lunes por la mañana, un amigo de Vincentor llamó a la puerta. Preparándose para lo peor, Dapma escuchó mientras el amigo de Vincentor explicaba que los militantes habían matado a tiros a su esposo. “Gloria a Dios”, dijo entre lágrimas. “Ese era Su plan para él”.

Dapma dijo que aunque no estaba preparada para la muerte de su esposo, sintió la gracia de Dios en ese momento. “Cuando llegó la noticia, la gracia estaba ahí”, dijo. “Fue una gracia que me sostuvo”.

Los niños se enteraron de la muerte de su padre cuando llegaron de la escuela y vieron al grupo de personas con rostro sombrío en su casa. “Lloraron porque eran muy cercanos a él”, dijo Dapma. Contó que su hijo menor siempre lloraba si su papá no había vuelto a casa del trabajo cuando él regresaba de la escuela.

En los días posteriores a la muerte de Vincentor, Dapma hizo todo lo posible para consolar a los niños, explicando que su papá estaba con Jesús en el cielo. “Nos estamos preparando para ir a ese lugar, así que, ¿por qué lloran, si saben dónde está?”, preguntó a uno de ellos. “Lo único que tienen que hacer es orar para que Dios les dé esa gracia, y que corran esta carrera. Y al final, nos reuniremos con su papi en el cielo. No debemos llorar por él”.

Mientras Dapma y sus cuatro hijos lloraban la muerte de Vincentor, un miembro del personal de la iglesia les contó sobre la valiente fe que él había mostrado durante el ataque. Cuando él escuchó por primera vez que los militantes islámicos fulani podrían estar cerca de la iglesia —relató—, Vincentor decidió ir y unirse a los miembros de su congregación. “¿Cómo nos quedaremos aquí sabiendo que otras personas mueren allá? —le había preguntado Vincentor al miembro del staff de la iglesia—. Es mejor que vayamos”.

Los militantes musulmanes quieren expulsar a los cristianos del norte de Nigeria para crear un país independiente gobernado por la ley islámica.

En cuanto llegaron a la iglesia les informaron que los militantes se acercaban. Portando ropas blancas con negro y gorros rojinegros, entraron a la iglesia atacando con pistolas, machetes y antorchas. Mientras los miembros de la iglesia huían por sus vidas, Vincentor buscaba a los rezagados para correr con ellos. No podía dejarlos atrás.

Pero Vincentor tuvo problemas para escapar de la multitud armada. Otros intentaron que siguiera corriendo, pero tenía poca energía porque había estado ayunando. Instó a los miembros de la iglesia a correr y salvarse. Pronto, un atacante alcanzó a Vincentor y a un anciano de la iglesia, y les disparó.

La Voz de los Mártires (VOM por sus siglas en ingles) ha apoyado a Dapma y a sus hijos, les ha ayudado a costear alimentos, pagar el alquiler, las cuotas escolares y a terminar la casa que ella y su esposo habían comenzado a construir. Recientemente, VOM ha ayudado a Dapma a iniciar un pequeño negocio donde vende bebidas y bolsas de “souvenirs” que ella hace. A través de su arduo trabajo, el negocio ha crecido lo suficiente como para requerir la expansión de su tienda. “Realmente doy gracias a Dios”, dijo. “Si no fuera por ustedes, hubiera tenido que sacarlos [a los niños] de la escuela porque no podría pagar sus cuotas”.

Dapma dijo que ora para que el Señor se revele a ella y a los niños en esta situación y que otros vean esto y le glorifiquen a Él. “Mi esperanza es que [los niños] sean personas buenas, y que comiencen a decirle a otros que aunque no tengan padres, aún así pueden lograrlo”, dijo. “Si miras a Dios, lo vas a lograr”.

Dapma dijo que no está enojada con Dios por permitir que su esposo muriera por su fe y por la iglesia. “La forma en que murió me anima porque sé quién era él”, dijo. “Creo que lo único que sufrí fue su ausencia”.

Y tampoco guarda resentimiento hacia el hombre que mató a su esposo. Ella ora por él, le pide a Dios que use la muerte de su esposo para inspirar a ese hombre a que algún día tome el lugar de su esposo en el ministerio. “Mi hijo menor generalmente me dice: ‘Mami, debemos orar por el pueblo fulani, para que se arrepientan’”, dijo Dapma. “Entonces, si un niño pequeño dice eso…”

Los hijos de Dapma oran para que Dios lleve a los militantes islámicos fulani a arrepentirse de sus pecados. Quieren que ellos también lleguen al cielo.

Sostenida por gracia
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