Volver a empezar
Egipto
Viuda, con una enfermedad crónica y expulsada de su hogar, una cristiana convertida descubre la fidelidad de Dios en medio de fuertes pruebas.
Cuando el esposo de Domiana murió en 2013, ella se hundió en una profunda desesperación. Sus suegros, que ya no estaban dispuestos a apoyarla a ella y a sus hijos, los echaron de su casa. Viviendo en un barrio pobre en Egipto, criando sola a tres preadolescentes y sin ingresos, Domiana luchaba por sobrevivir. Y no recibía apoyo de la comunidad islámica local.
Para empeorar las cosas, ella luchaba contra una enfermedad crónica. Después de que múltiples tratamientos no lograron mejorar su condición, se enfrentó a la difícil decisión de someterse a una arriesgada operación.
“Tuve que someterme a muchas cirugías para extirpar quistes y no funcionó. El médico dijo que sería peligroso hacer otra operación”, relató. Pero el médico, que era cristiano, aconsejó un tratamiento adicional: la oración.
“El doctor me dijo que Jesús puede sanar —recordó—, y que le pidiera al Dios sanar —recordó—, y que le pidiera al Dios verdadero por una gran mejoría”. Sus quistes desaparecieron días después, sin dejar rastro de la enfermedad.
Después de experimentar este milagro, Domiana se sintió abandonada por la religión que había seguido desde la infancia. Así que clamó al Único Dios Verdadero para que se revelara a ella.
“Le pedí a Dios que iluminara mi camino —relató—. Le dije: ‘estoy perdida’”.
Mientras Domiana continuaba buscando a Dios, tuvo una visión de Cristo hablándole. Aunque temerosa y confundida, sintió una paz inmediata. Queriendo la misma paz para sus hijos, le pidió a Jesús que se revelara a ellos para que también pudieran conocerlo.
Sus hijos notaron una diferencia inmediata en su madre, y una nueva paz impregnando su hogar. Y después de que Domiana compartiera con ellos la noticia de su sanidad, quisieron saber más sobre Jesús y cómo Él la había transformado.
Poco después, todos sus hijos pusieron su fe en Cristo, y la familia comenzó a asistir a una iglesia en El Cairo. Pero mientras Domiana encontraba la sanidad física y su familia la paz en Cristo, su viaje de sufrimiento estaba lejos de terminar.
Domiana y sus hijos tuvieron que huir de su hogar varias veces después de que los musulmanes radicales descubrieran su fe cristiana.
A las pocas semanas, se difundió la noticia de que Domiana y sus hijos habían dejado el islam para seguir a Cristo. Los musulmanes locales que la habían visto salir de la iglesia decidieron seguirla a casa. Y cuando vieron a un pastor visitar su casa llevando Biblias, irrumpieron y los agredieron físicamente a ella y al pastor.
Con el tiempo, incendiaron su iglesia y otras iglesias de la zona en un esfuerzo por evitar que otros se acercaran a Cristo.
“Mucha gente invadió nuestra casa, y nos echaron de nuestro apartamento— dijo Domiana—. Pasamos tres días en la calle. Estaba asustada y triste porque mis hijos tenían frío en la calle, pero al mismo tiempo, estaba segura en mi corazón y sabía que estábamos siguiendo la verdad”.
Después de ser desalojada y de mudarse a otro apartamento, ella y sus hijos enfrentaron de inmediato más oposición y amenazas por parte de los líderes religiosos islámicos. Finalmente, las amenazas de los líderes islámicos dieron paso a la violencia. Musulmanes locales irrumpieron en el nuevo apartamento de la familia y torturaron al hijo de Domiana al cortarle un tatuaje del brazo que lo identificaba como cristiano. Amenazaron con matar a Domiana y a sus hijos a menos que volvieran al islam, pero Domiana se mantuvo firme en la fe. “Estaba confiada en que Dios cuidaría de nosotros”, dijo.

Después del ataque, los musulmanes que habían irrumpido en el apartamento de la familia los vigilaban de cerca y les impidieron salir, incluso para conseguir comida. Atrapada y aislada, Domiana buscó la ayuda del Señor.
“Oré: ‘Si quieres usarnos, déjanos salir’”, dijo.
“Estaba asustada y triste porque mis hijos tenían frío en la calle, pero al mismo tiempo, estaba segura en mi corazón y sabía que estábamos siguiendo la verdad”.
Cuando finalmente escaparon del apartamento, Domiana y uno de sus hijos regresaron para recoger sus Biblias y otros libros cristianos que habían recibido en la iglesia. Pero cuando se iban, fueron atacados de nuevo por los musulmanes. Durante el ataque, Domiana tomó aliento de los sufrimientos de Cristo.
“Nos golpeaban y escupían sobre nosotros”, dijo, “pero escuché una voz en mi espíritu que decía: ‘Yo soy golpeado y escupido’”.
Domiana y sus hijos se dieron a la fuga. Cuando las noticias de los ataques llegaron a los titulares, un pastor egipcio tuvo conocimiento de la situación de Domiana y ayudó a la familia a reubicarse en un país vecino.
Tras huir de Egipto en 2015, Domiana y su familia tuvieron dificultades para comenzar de nuevo en su nuevo entorno. Sin ingresos, fue difícil encontrar un lugar para vivir y tuvieron que mudarse varias veces mientras buscaban empleo.
Tiempo después, Domiana se conectó con trabajadores de La Voz de los Mártires (VOM) a través de una iglesia local. Y VOM la ha ayudado con los gastos de manutención mientras su familia trata de reconstruir su vida en un nuevo país.
Aunque Domiana ha enfrentado muchos retos, su fe nunca ha flaqueado, y espera que Dios use su historia para Sus propósitos.
“Cada día es mejor que el anterior — dijo—. El Señor ha sido fiel conmigo. No nos ha abandonado. Solo le pido a Dios que nos use para Su gloria”.