Al crecer en Corea del Norte, Hyun-Ok nunca imaginó el reunirse con otros para estudiar la Biblia. Bajo la dictadura de inspiración comunista fundada en el Juche, habría sido demasiado peligroso dejar que alguien supiera que tenía interés en la Biblia. La notablemente religiosa ideología norcoreana del Juche exige adoración y sumisión solo a la familia Kim.

“En Corea del Norte no permiten ninguna ideología excepto el Juche —dijo Hyun-Ok—. Se vive en un lugar en el que no se pueden encontrar otras religiones. Yo no tenía religión, [y] no quería interactuar con ninguna otra religión”.

Hyun-Ok desertó hacia China cuando tenía más de cuarenta años, ahí se casó con un coreano y formó una familia. Mientras vivían cómodamente en China, Hyun-Ok y su esposo se dieron cuenta de que había mejores oportunidades de trabajo en Corea del Sur. Así que después de conseguir visas de tres meses, viajaron a Corea del Sur, esperando ahorrar algo de dinero antes de regresar a casa.

Sin embargo, antes de que expiraran sus visas, el gobierno de Corea del Sur deportó al esposo de Hyun-Ok a China debido a problemas con sus documentos legales. Hyun-Ok tomó la difícil decisión de quedarse en Corea del Sur, con la esperanza de que algún día su familia pudiera reunirse con ella.

Separada de su esposo e hijo, Hyun-Ok sufrió una severa depresión y comenzó a tener problemas de salud. Ella buscó ayuda en cualquier lugar donde pudiera encontrarla.

“Estaba pasando por un tiempo difícil y necesitaba algo en qué apoyarme —relató— así que acudí al budismo. Fui a un templo donde me dijeron que hiciera un ritual chamánico. Lo hice tres veces; no ayudó en nada”.

A medida que su desesperación aumentaba, Hyun-Ok se aisló, rara vez salía de la casa o se comunicaba con amigos. Entonces una amiga norcoreana la convenció para que probara algo nuevo: estudiar la Biblia.

“Todos mis amigos más cercanos asistían [al estudio bíblico], y una de mis amigas seguía animándome a ir — explicó—. Me dijo que había un campamento al que podía asistir, y que si me gustaba, podía inscribirme en el estudio. Así que fui al campamento, y terminé inscribiéndome al estudio bíblico”.

Hyun-Ok comenzó estudiando el Evangelio de Lucas. Aunque no entendía muy bien lo que leía, continuó haciendo la tarea que recibió cuando se inscribió al estudio.

“Todo me parecía extraño [al principio] —dijo—. [Pero] si a mí me das una tarea, la hago, y no renuncio hasta que esté terminada. Así que trabajé en ese estudio durante un mes. Me despertaba, desayunaba y trabajaba en ese estudio hasta las tres de la mañana del día siguiente”.

Mientras trabajaba en su tarea, Hyun-Ok recordó algo que había escuchado sobre las enseñanzas de Cristo mientras vivía en Corea del Norte. Decidió escudriñar las Escrituras para entenderlo mejor.

“En Corea del Norte, lo que más odiaba del cristianismo es que los cristianos dicen que si alguien te golpea en una mejilla, debes poner la otra —relató—. Eso no tenía ningún sentido. Entonces, cuando leía la Biblia, eso me causaba mucha curiosidad. Estudié la parte en la que Jesús dijo ama a Dios, ama a tu prójimo y ama también a tu enemigo. Eso me impresionó”.

El concepto de perdonar a quienes te hacen daño era extraño para Hyun-Ok, quien había sido criada en una cultura que promovía la paranoia y la desconfianza. La vida cotidiana de los norcoreanos se rige por los “Diez Principios”, que exigen obediencia incondicional a la ideología de la familia Kim y promueven denunciar a quienes no cumplen los estándares del régimen.

Sin embargo, cuanto más estudiaba Hyun-Ok la vida y las enseñanzas de Cristo en la Biblia, más se sentía atraída por su amor y compasión. “Al estudiar sobre la muerte de Cristo, entendí que Jesús murió por nuestros pecados —declaró—. Entonces, si existe alguien así que moriría en la cruz por mis pecados, y me dice que ponga la otra mejilla, ¿por qué no lo escucharía? Y se me llenaron los ojos de lágrimas cuando Jesús, en el huerto de Getsemaní, dijo: “Si es posible, pase de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Solo Dios puede entregar a su único Hijo por otras personas. Nadie más puede hacer eso”.

Sobrepasada por el amor de Dios por ella, Hyun-Ok puso su fe en Cristo.

Actualmente, a más de un año de su transformador encuentro con la palabra de Dios, Hyun-Ok continúa asistiendo al estudio bíblico. También anima a otros desertores norcoreanos a asistir a estas reuniones, que son parte de una estrategia más amplia para alcanzar a los norcoreanos con el Evangelio dondequiera que se encuentren.

“Hay tanta gente como yo en el mundo, gente errante”, dijo. Hyun-Ok pidió oración para que su hijo llegue a conocer la esperanza y la paz que ella ha encontrado en Cristo. Aunque ahora él también vive en Corea del Sur, no ha mostrado ningún interés en la fe en Cristo.

Y, por último, pidió oración por el pueblo de Corea del Norte. “Mi corazón siempre se desvive por Corea del Norte — agregó—. En casa, cuando oro, oro por Corea del Norte, para que su corazón [de los norcoreanos] se vuelva a Dios”. 

Hyun-Ok conoció más acerca de la Palabra de Dios durante un campamento cristiano. Actualmente, invita a otros norcoreanos a reunirse con ella para estudiar la Biblia en eventos similares.

Redimida por un mandamiento radical
Categorías: Historia, Oración