Yasmine Siadau compartió su historia con nosotros 16 días después del asesinato de su esposo.

Yasmine estaba afuera de su casa hablando con una amiga cuando escucharon disparos en la calle. “Vi que venían disparando —recordó Yasmine—. Entré a la casa a decirle a mi esposo que saliera porque venía la gente mala”. 

Extremistas islámicos han devastado grandes zonas de Burkina Faso desde 2016. Dos notables grupos militantes en la región son el Estado Islámico en el Gran Sahara (ISGS) y Jama’at Nusrat al-islam, o JNIM, que se traduce como “El grupo que apoya al islam y a los musulmanes”. Estos grupos usan los desiertos de Malí y Níger como refugio, y atacan sin previo aviso, aprovechando la baja capacidad militar de Burkina Faso. “Los terroristas están mejor armados que el ejército”, dijo un pastor local.

Los grupos islamistas han tomado el control de aproximadamente el 40% de Burkina Faso, han matado a más de 10.000 personas y han obligado a alrededor de 1.7 millones, incluidos muchos musulmanes, a huir de sus hogares y refugiarse en campos para desplazados internos. Los militantes han atacado específicamente a los cristianos en el país desde 2019, a menudo centrando sus ataques en pastores y líderes cristianos mientras buscan crear un califato islámico. Una denominación informó que 500 pastores se han visto obligados a huir en los últimos años debido a la actividad islamista.

El 15 de mayo de 2023, hombres armados atacaron la ciudad de Yasmine, ubicada al norte de Burkina Faso, cerca de la frontera con Malí. Su esposo, el pastor Laurent Siadau, le suplicó varias veces irse con él en su pequeña motocicleta. Pero Yasmine no quería dejar a su amiga, así que decidió huir con ella a pie mientras Laurent se alejaba a toda velocidad en la motocicleta.

Al escuchar más disparos detrás de ellas, las mujeres corrieron hacia el bosque y finalmente encontraron refugio en otro pueblo. Mientras tanto, en la ciudad de Yasmine, las fuerzas gubernamentales llegaron para enfrentar a los terroristas. Los combates entre islamistas y militares impidieron que Yasmine volviera a casa durante más de 24 horas, y no pudo comunicarse con su esposo a través de su teléfono móvil.

Cuando pudo regresar a casa, Yasmine vio la motocicleta de Laurent tirada afuera de su casa. Dos de sus hijos adultos le dijeron que, por razones desconocidas, él había corrido a la iglesia de al lado, quizás para esconderse, y que los islamistas que estaban dentro de la iglesia le dispararon en la cabeza.

Hacía poco que Laurent ministraba a tiempo completo. La mayor parte de su vida había trabajado como cocinero en la capital del país, Uagadugú. Pero en 2018, después de que cuatro de sus cinco hijos habían crecido lo suficiente, comenzó a asistir a la escuela bíblica. Y dos años más tarde, sintió el llamado a ministrar en el norte de Burkina Faso, de mayoría musulmana o animista y donde los extremistas islámicos estaban activos.

Yasmine dijo que evangelizar a la gente de esa región era similar a trabajar en una granja. “En la aldea, [el Evangelio] es como una semilla”, dijo. Ella y Laurent sembraron las semillas del Evangelio y trabajaron duro para cultivarlas. Yasmine dijo que un fruto del ministerio de oración de Laurent fue ver a sus vecinos liberados de la opresión espiritual. “Cuando recuerdo eso — comentó—, me siento muy feliz”.

Desde el asesinato de su esposo, Yasmine ha encontrado consuelo al orar con su familia.

Uno de los hijos de la pareja, Marcel, recordó que no todos en la familia estaban a favor de que se mudaran a la peligrosa región al norte de Burkina Faso. Tías, tíos y otros parientes le advirtieron: “No dejes que tu padre vaya a esa aldea; no lo quieren allí”.

Pero Marcel dijo que su padre estaba comprometido con su ministerio evangelístico. “Él siempre les decía que Dios lo había llamado a esa aldea… —dijo Marcel— y que debía ir a cumplir lo que Dios le había llamado a hacer”.

A pesar de la brutalidad y la injusticia del asesinato de Laurent, Yasmine dijo que no siente ira hacia sus asesinos. “El deseo de mi corazón es que Dios haga que Su Espíritu se encuentre con estas personas —explicó—, y cambie sus corazones así como se encontró con Saulo en el camino a Damasco”.

Marcel también ora para que los que mataron a su padre se arrepientan y conozcan al Señor “para que un día también puedan ir al cielo”. Actualmente él estudia en una escuela de capacitación bíblica y está decidido a seguir los pasos de su padre y entrar en el ministerio.

“Oren para que me vincule al ministerio cuando complete mi estudio —dijo Marcel—. Y para que mis tíos y otros familiares que no conocen a Jesús se encuentren con Jesús y sepan que mi padre no murió en vano. Murió por la fe. Murió por el Evangelio”.

Yasmine también pidió oración para perseverar en la fe. “Oren por mí —dijo—, para que Dios me consuele y me mantenga firme en mi fe hasta el final. Voy a ver a mi esposo [allá]. Es mi voluntad y mi deseo”.

Aunque apenas está iniciando su proceso de duelo, Yasmine recuerda con cariño el trabajo que hizo con Laurent, sembrando semillas del Evangelio al norte de Burkina Faso. “Estoy muy feliz por lo que hicimos —dijo—, porque muchos han entregado su vida a Cristo”.

Sembrando la semilla del Evangelio en una tierra peligrosa
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