Nurettin nació en el seno de una familia kurda al este de Turquía y fue criado como musulmán, pero nunca creyó realmente en el concepto islámico de Alá. “Yo no era ateo —dijo—. No dudaba de la existencia de Dios. Simplemente no lo veía en el islam”.
Sin interés en la religión, Nurettin se centró en la política kurda y en hacer todo el dinero posible. Sus ambiciones políticas lo llevaron a convertirse en concejal de la ciudad, y sus intereses comerciales florecieron. Sin embargo, con el tiempo encontró que esos logros no eran satisfactorios.
Cuando un amigo lo invitó a reunirse con unos extranjeros en una parte del país no muy turística, Nurettin se sintió intrigado. Durante su reunión, Nurettin escuchó, pero no estuvo interesado.
Luego, cuando los extranjeros se pusieron de pie para irse, uno de ellos le ofreció a Nurettin un libro que nunca había leído: una Biblia.
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