Criado en Garissa, Kenia, Abdiwelli Ahmed (Abdi) estaba totalmente comprometido con el islam.

Él descendía de una larga línea de musulmanes devotos de Somalia, donde “ser somalí significa ser musulmán”, se le enseñó que el islam estaba en su sangre. Manteniéndose fiel a las expectativas de su familia, Abdi sirvió en la preparatoria como líder de la sociedad islámica.

Pero en 1993, mientras cursaba la universidad, Abdi comenzó a preguntarse si había otra forma de llegar al cielo. Sin la certeza de cómo sería el más allá, comenzó a cuestionar al islam, a comparar el Corán con la Biblia y a Mahoma con Jesús.

Leyó en la Biblia, que Jesucristo es “el camino, la verdad y la vida” y que la salvación se encuentra solo a través de creer en Él. Pero el islam le había enseñado que podría llegar al cielo si rezaba cinco veces al día, asistía a la mezquita regularmente, ayudaba a los pobres y si realizaba buenas obras.

“En el fondo de mi corazón tenía un vacío”, dijo Abdi en una entrevista hace años, “porque en el islam no hay paz, seguridad eterna o satisfacción en el corazón del individuo”.

Al comparar el Corán con la Biblia, encontró más de quinientos errores y contradicciones en el Corán. También comenzó a ver al profeta Mahoma con una nueva perspectiva.

“El mismo Mahoma expresó que no sabía si iría al infierno o al cielo, y que no conocía el destino de la gente que lo seguía”, dijo Abdi. “Me di cuenta de que este hombre era un guía ciego. Yo no tenía que seguir a un guía ciego”.

Cuanto más leía Abdi la Biblia, más se enamoraba de ella. La historia de la creación en Génesis, el capítulo del amor de 1 Corintios 13 y el discurso de despedida de Jesús que comienza en Juan 14; cada uno lo conmovió profundamente. Después de más conversaciones con un amigo cristiano, finalmente puso su fe en Cristo y encontró la seguridad eterna que tanto había deseado.

Cuando otros estudiantes y profesores supieron que Abdi había abandonado el islam, lo consideraron peligroso para la fe de otros estudiantes. “Me golpearon”, dijo Abdi. “Me hicieron todo tipo de cosas malas. Mi vida peligraba”.

Abdiwelli, a la izquierda, fue martirizado en Kenia. Ibrahim a la derecha, dijo, “El era mi hijo en la fe, y fue un valiente evangelista”.

Un día, mientras se reunía con los líderes de un ministerio del campus, alguien golpeó a Abdi en la cabeza con una piedra causándole un grave sangrado. Corrió a la casa de su madre para esconderse, pero días después vio unas cuarenta personas acercándose a la casa. Entonces huyó de nuevo, esta vez a la casa de un amigo. Sabía que la gente quería matarlo. “Eran como un gato, y yo era un ratón”, dijo. Después de recibir más amenazas de muerte, Abdi viajó por seis horas hacia el noroeste para buscar la guía de un pariente, el pastor Ibrahim, quien plantaba iglesias y compartía el Evangelio con los musulmanes somalíes en Kenia. Ibrahim lo llevó a un centro ministerial del campus en un pueblo ubicado como a una hora hacia el norte, donde Abdi fue presentado a una mujer llamada Helen.

Helen, que creció en Nigeria, conoció a Cristo cuando era niña. Se sintió llamada al ministerio durante la universidad, y al completar su maestría fundó una organización misionera en el Reino Unido. Después de entrenarse para compartir el Evangelio con los musulmanes, viajó a Kenia, donde conoció al pastor Ibrahim y, a través de él, a Abdi.

Todavía recuerda cómo conoció a Abdi cuando él llegó con Ibrahim al centro. Él le ayudó a cargar unas cajas y le habló apasionadamente de su fe en Cristo. “Cuando lo conocí me dijo: ‘Amo al Señor y estoy listo para morir por Cristo’”.

Poco después comenzaron a salir y finalmente se casaron. Para apaciguar a la familia nigeriana de Helen, se casaron en el cercano Níger, un país de habla francesa que es más del 95% musulmán. Permanecieron en Níger por tres años, ministrando a la tribu Tuareg, muchos llegaron a la fe en Cristo a través de su testimonio.

Luego, en mayo de 1999, los líderes de misiones invitaron a la pareja a Addis Abeba, Etiopía, para unirse a un ministerio dirigido a Somalia. El ministerio pronto los envió de regreso a Garissa, Kenia, que está a solo 150 km de la frontera con Somalia y en ese momento era aproximadamente 90% somalí.

La pareja sirvió a los somalíes a través de un ministerio para el desarrollo de la agricultura y, cuando surgió la oportunidad, compartieron el Evangelio con ellos. Pero encontraron resistencia inmediata de los musulmanes locales, quienes una noche llegaron a la casa de la pareja con contenedores de gasolina. “Querían quemar toda la casa”, contó Abdi.

Un funcionario del gobierno local vio lo que estaba sucediendo, apresuró a la pareja a subir a su vehículo y los llevó a la estación de policía. Pasaron allí la noche como medida de prevención.

Cuando Abdi y Helen se sintieron más seguros en la aldea, algunos creyentes se reunieron en su casa para estudiar la Palabra de Dios. Además, la pareja trabajaba en el desarrollo de un proyecto con agricultores locales, daba asesorías matrimoniales y contra la drogadicción, y comenzó un programa de alfabetización para refugiados.

Tiempo después Abdi comenzó a visitar los países vecinos, compartiendo el Evangelio con cada somalí expatriado que pudo. “Nuestro deseo es conocer a Dios y darlo a conocer, para que muchos somalíes puedan llegar a ser cristianos, ser discipulados y regresar a sus hogares”, dijo en ese momento.

Los cristianos son atacados y asesinados por miembros del grupo terrorista al-Shabab.

Los somalíes que abandonan el islam son acusados de rechazar no solo su religión, sino también su identidad nacional. En Somalia, donde es ilegal convertirse del islam o compartir el Evangelio, los cristianos son atacados y asesinados por el grupo terrorista al-Shabab y por sus familiares. A menudo son también perseguidos por somalíes hostiles, incluso después de abandonar el país.

Al mediodía del 7 de febrero de 2013, 20 años después de que Abdi pusiera su fe en Cristo, sus perseguidores lo atraparon. Tres asesinos le dispararon a muerte mientras hablaba con un pastor en el centro de la ciudad.

Afligida y conmocionada, Helen huyó con sus dos hijos, primero a Nairobi, Kenia, y finalmente a su natal Nigeria. Dejó de confiar en los somalíes, incluidos en aquellos que decían ser cristianos. “No quiero tener contacto con ellos de nuevo”, dijo Helen después de huir. “No sé su nivel de compromiso”.

La Voz de los Mártires (VOM) había apoyado a Abdi como obrero de la primera línea de batalla antes de ser asesinado, y un trabajador de VOM continuó alentando y apoyando a Helen y a sus hijos después de que huyeron a Kenia. “Encontramos esperanza porque [el trabajador de VOM] nos hizo sentir que somos humanos”, dijo.

Después del asesinato de su esposo, Helen sufrió un período de duelo casi paralizante. Ahora, ella y sus tres hijos han vuelto a la primera línea del ministerio, con la esperanza de alcanzar a las personas que mataron a su esposo con el mensaje del amor redentor de Cristo.

A pesar de su gran pérdida y tristeza, Helen le dijo a un trabajador de VOM que sabía que Dios usaría el martirio de su esposo para hacer avanzar Su reino. “Tenemos un Dios victorioso”, dijo. “Sabemos que Él va a triunfar en esta situación”.

Helen dijo que después de salir de Garissa, Dios los acercó a ella y a sus hijos más a Él. “Estudiamos la Biblia más a fondo que cuando Abdi estaba con nosotros, y a lo largo de los años hemos encontrado esperanza y aliento para compartir… con el mundo herido que está perdido en el pecado”.

Después de siete años de ausencia, Helen y los niños visitaron Garissa el 21 de junio de 2020. Helen no había querido regresar a la ciudad, pero sentía que debía hacerlo. Han ido de visita varias veces desde entonces, la más reciente fue en febrero de 2021. “Para mí fue bueno regresar a donde Dios quiere que estemos”, dijo a los trabajadores de VOM.

En Garissa, Helen se sorprendió al saber que Abdi había ganado cierta fama, y que “cada somalí conocía su testimonio”. Su influencia también se percibe en toda la comunidad cristiana somalí fuera de Garissa, como confirmó un trabajador de VOM. “He tenido la extraordinaria oportunidad de conocer muchas comunidades somalíes por todo el este de África… e incluso en Europa y en Minneapolis [EE.UU.], y hasta donde recuerdo, en todo lugar donde estuve siempre conocí a alguien que reconocía haber sido influenciado por Abdi de alguna manera”, dijo un trabajador de VOM.

Recientemente, el hermano de Abdi le preguntó a Helen si se uniría a una misión médica para ayudar a los somalíes atacados por una tribu local a causa de una disputa de tierras. “Le dije a su hermano que somos cristianos y que llevaríamos el Evangelio y medicina” dijo. Hasta el momento, Hellen ha recibido donaciones de sillas de ruedas, ropa, un mes de alimentos y otras cosas necesarias para ayudar a los afectados.

Helen está decidida a seguir a Cristo y servir a los musulmanes somalíes, tal como lo hizo su esposo. “Hasta que Cristo venga, no debemos dejar de alcanzar al mundo perdido que muere”, dijo. “Una amiga mía que teme ir al noreste me dijo que tuviera cuidado. Le dije: ‘Si intento salvar mi vida, la perderé’”.

Martirizado por alcanzar a su pueblo
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