El “camino angosto” de Jesús
India
Hulda creció en un hogar nominal cristiano en la India, rara vez asistía a la iglesia y nunca leía su Biblia. Sus amigos no la habrían considerado cristiana.
Pero después de experimentar la protección de Dios durante un allanamiento en la casa de su hermana, decidió tener una relación personal con Jesucristo. Y junto con su renovada fe recibió el valor para compartir a Cristo con los vecinos de su aldea predominantemente hindú.
Aunque encontró oposición en los aldeanos que rechazaron su mensaje, ella sabía que debía continuar compartiendo el Evangelio. “A partir de ese momento, me di cuenta de que andar en el camino de Jesús no es fácil —dijo—. Tuve que soportar el dolor y seguir perseverando por este camino”.
Un colaborador en el ministerio
Mientras compartía el Evangelio, ella oraba por un esposo que la acompañara en su ministerio. Y después de orar por casi un año, un pastor le presentó a un joven recién graduado de la escuela bíblica llamado Abraham.
Antes de ser presentados, el pastor le había dicho a Abraham que Hulda sería una buena esposa para él. “Ella es quien subirá a todas las montañas para compartir el Evangelio —le dijo el pastor—. ¿Por qué no oras y consideras casarte con ella?”.
Pero cuando se conocieron, Abraham se sorprendió al saber que entre ellos había una diferencia de edad de 10 años. Aún así, se sintió llamado a ministrar en el área y finalmente llegó a ver que Dios había elegido a Hulda para él.
Hulda y Abraham se casaron el 20 de mayo de 1998 y se mudaron a una aldea cercana para comenzar a servir al Señor juntos. Abraham recibía un pequeño sueldo mensual de la iglesia que lo envió, y Hulda vendía arroz en su aldea para obtener ingresos adicionales. “La vida no era fácil —recordó—, pero estábamos sobreviviendo para la obra del Señor. Así es como Dios proveía para nosotros”.

Asesinato brutal
Con el tiempo, Hulda y Abraham adoptaron dos hijos. Abraham continuó sirviendo como pastor en el área durante dos décadas, él y su esposa ministraban a los pobres y marginados. Varios hindúes llegaron a la fe en Cristo a través de las enseñanzas de Abraham, él también dirigió varios grupos de estudio bíblico en la selva circundante. Abraham criaba cerdos y cultivaba los campos para ayudar a mantener a su familia y el ministerio.
Entonces, la noche del 1 de mayo de 2018, Abraham no regresó a casa a la hora esperada luego de su trabajo ministerial. Hulda comenzó a preocuparse al no recibir noticias de él cuando ya daban las 8 de la noche. Ella había tratado de llamar a Abraham por teléfono, pero él no respondió.
Poco tiempo después, otro pastor informó a Hulda que el Jeep blanco que Abraham y un conductor habían tomado ese día, había sido visto cerca de un puente local. Ella envío a su hijo al lugar, pensando que tal vez el vehículo se encontraba averiado.
Pero mientras el joven se acercaba al puente en su motocicleta, vio el vehículo ardiendo en llamas; temiendo un ataque, regresó a casa. Cuando le contó a Hulda lo que había visto, ella estaba segura de que Abraham se encontraba dentro del auto en llamas. “Lloré y oré toda la noche —recordó—. Fue muy difícil”.
Temprano a la mañana siguiente, el hermano y el hijo de Hulda regresaron al puente, allí vieron un cuerpo tendido junto al vehículo.
“Llegó la policía, se llevó el cuerpo y me ayudó a entender lo que había sucedido”, dijo Hulda. La policía le dijo que más de 20 rebeldes maoístas enmascarados habían secuestrado a Abraham y al conductor del vehículo mientras iban camino a casa.
Muchos maoístas en la India pertenecen a un grupo llamado los naxalitas, quienes generalmente se oponen a los líderes políticos y al Gobierno. Los radicales hindúes a veces reclutan a los naxalitas para presionar o atacar a cristianos influyentes.
Después de que los maoístas dejaran libre al conductor, llevaron a Abraham al puente y lo decapitaron, alegando falsamente que él era informante de la policía. Muchos cristianos que conocían a Abraham piensan que los hindúes radicales que se oponían a su trabajo persuadieron a los maoístas para matarlo.
El pastor Abraham fue asesinado 19 días antes de su vigésimo aniversario de bodas, dejando a Hulda devastada y preocupada. “Después del incidente, mi corazón temía que en cualquier momento alguien pudiera llegar en la noche con un arma y dispararme —dijo Hulda—. Comencé a orar: ‘Señor, dame valor, porque Tu Palabra dice que no nos has dado espíritu de temor’”.
“Dios me ha dado una visión para esta área. No me iré a ningún otro lado. La vida no es fácil, pero continuaré la obra en esta área porque Dios me ha traído aquí”.
Un tiempo de bendición
Después del asesinato de Abraham, los familiares de Hulda y otros en la aldea le preguntaban por qué quería seguir viviendo allí. “Dios me ha dado una visión para esta área —les dijo—. No me iré a ningún otro lado. La vida no es fácil, pero continuaré la obra en esta área porque Dios me ha traído aquí”.
Hulda tomó el liderazgo de la iglesia que Abraham había pastoreado, y continuó sirviendo a las necesidades de los aldeanos y de otros habitantes del área circundante. Ella comenzó tres nuevas iglesias en casa dentro de la aldea y continúa compartiendo el Evangelio en toda la comunidad. También lleva a cabo un estudio bíblico semanal y visita a los creyentes para animarlos y discipularlos.
Ella dijo que conforme más aldeanos llegan a Cristo, el hambre por la Palabra de Dios se hace evidente. “El domingo pasado, esto [la iglesia] estaba completamente lleno relató—. Mucha gente vino a adorar. Siempre ruego al Señor que me ayude a bendecir a la gente de esta área”.
Mientras observa que Dios continúa trabajando a través del ministerio que ella y su esposo comenzaron, incluso ha visto como Dios usa el testimonio de Abraham para atraer a la gente hacia Él, Hulda tiene esperanza para el futuro. “La vida era difícil cuando estábamos juntos y trabajábamos para el Señor —dijo—. Cada día era un desafío en el ministerio y en el hogar. Pero ahora… siento que mis días de dolor han terminado y que han comenzado los días de bendición”.
Hulda pidió que oremos no solo por su trabajo ministerial, sino también para que su pasión por el ministerio permanezca tan fuerte como cuando comenzó a compartir el Evangelio. Sobre todo, ella alaba a Dios por todas las cosas con las que Él la ha bendecido y por dónde la ha conducido. “Dios ha provisto para mí, me ha dado mucho más de lo que jamás podría haber imaginado”, compartió.
