Equivocación Divina
Turquía
Nurettin nació en el seno de una familia kurda al este de Turquía y fue criado como musulmán, pero nunca creyó realmente en el concepto islámico de Alá. “Yo no era ateo —dijo—. No dudaba de la existencia de Dios. Simplemente no lo veía en el islam”.
Sin interés en la religión, Nurettin se centró en la política kurda y en hacer todo el dinero posible. Sus ambiciones políticas lo llevaron a convertirse en concejal de la ciudad, y sus intereses comerciales florecieron. Sin embargo, con el tiempo encontró que esos logros no eran satisfactorios.
Cuando un amigo lo invitó a reunirse con unos extranjeros en una parte del país no muy turística, Nurettin se sintió intrigado. Durante su reunión, Nurettin escuchó, pero no estuvo interesado.
Luego, cuando los extranjeros se pusieron de pie para irse, uno de ellos le ofreció a Nurettin un libro que nunca había leído: una Biblia.
“No esperaba mucho de la Biblia — dijo—. Pero como él me la ofreció, la acepté. Luego empecé a sentir curiosidad por lo que estaba escrito y lo que decía, así que empecé a leerla”.
Al leer la Biblia, Mateo 7:7–8 habló a su corazón: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”.
Nurettin había llegado a un punto en el que el materialismo ya no le satisfacía. Él buscaba algo que satisficiera su alma.
¿Número equivocado?
Un año después, Nurettin recibió una inesperada llamada telefónica del hombre que le había dado la Biblia. El extranjero era un obrero cristiano, y había llamado a Nurettin por accidente al intentar comunicarse con otro hombre llamado Nurettin, del cual pensaba estaba más interesado en reunirse para hablar de Cristo.
Pero el Nurettin “equivocado” decidió que debía volver a reunirse con el cristiano. Y sin notar la identidad equivocada, los dos hombres acordaron encontrarse en una parada de autobús.
“Cuando [Nurettin] se bajó del autobús, pensé: ‘¡No, este es el Nurettin equivocado!’”, dijo el obrero. Ahí supo que había marcado el número equivocado. “Bueno, Dios sabe”, pensó.
En su segundo encuentro, Nurettin se sorprendió cuando otro hombre kurdo que estaba con el obrero cristiano oró por su comida usando el nombre de Jesús. Los kurdos siguen principalmente el islam, y Nurettin nunca había conocido a un kurdo cristiano.
“Cuando oró, noté que era kurdo y que era un seguidor de Jesús —relató Nurettin—. Algo golpeó mi corazón.
Pensé: ‘¿Cómo es posible que un kurdo sea seguidor de Cristo?’”.

El Evangelio se extendió por Turquía en el siglo I. Pero hoy en día, menos del 1% de los turcos son cristianos y 96% son musulmanes suníes.
Esa pregunta permaneció en su mente mientras leía la Biblia. Entonces, un día, mientras leía el libro de Apocalipsis, Nurettin tuvo una visión de Cristo. “Jesús estaba parado justo frente a mí — explicó—. Y en ese momento confesé que Jesús era el Señor”. En la visión, Nurettin sintió que el Señor decía que Dios quería usarlo para salvar a otros.
Después de que Nurettin llamara a algunos obreros cristianos para contarles sobre su visión y su decisión, uno de los hombres comenzó a discipularlo en las enseñanzas fundamentales del cristianismo. Mientras fue creciendo en comprensión durante el año siguiente, Nurettin decidió mantener su nueva fe en secreto ante su familia políticamente activa. Dijo que no les habría importado si se hubiera hecho ateo, pero hacerse cristiano no habría sido aceptado por sus familiares ni por los vecinos musulmanes apasionados.
“En esa zona del país, hay algunos musulmanes extremadamente conservadores, muy religiosos —dijo—, y definitivamente te presionarán. Son muy firmes, y yo era apenas un niño en la fe”.
El 4 de abril de 2010, Nurettin fue bautizado en secreto, y 20 días después la policía lo visitó a primera hora de la mañana.
Una Biblia tras las rejas
La policía interrogó a Nurettin durante horas, principalmente sobre sus actividades políticas kurdas, y para su sorpresa también le preguntaron por su fe. “¿Eres seguidor de Jesús? —le preguntaron—. ¿Cómo te convertiste en seguidor? ¿Por qué te hiciste cristiano?”. Más tarde supo que alguien había publicado en línea información sobre su bautismo.
“Yo sabía lo básico —relató— y compartí el padrenuestro con ellos. Pero todo lo que podía explicar era lo básico sobre la fe y el Evangelio”.
Cuando finalmente lo encerraron en una celda, Nurettin se sintió sobrepasado de gozo y paz. Se dio cuenta de que el Espíritu Santo le había permitido responder a las preguntas de los interrogadores a pesar de su limitado conocimiento.
Las autoridades turcas condenaron a Nurettin a dos años de prisión por sus actividades políticas. Mientras se adaptaba a la vida tras las rejas, se consolaba orando el padrenuestro cada mañana y cada noche. Más tarde, encontró en la biblioteca de la prisión una Biblia que leía con entusiasmo, pero con cautela. “Trataba de leer mucho… cuando otros prisioneros no estaban en la biblioteca”, dijo.

Nurettin quiere que todos conozcan el amor de Dios, el cual lo sacó de las tinieblas y lo llevó a la luz de Cristo.
Dos años más tarde, tras cumplir su condena, Nurettin no tenía ingresos ni posición social. Pero su fe se había fortalecido; todos los días pasaba horas orando y compartiendo la Palabra de Dios con su esposa.
“Leía la Biblia para ella y con ella —explicó—. “Creo que las personas llegan a la fe principalmente por leer la Palabra, porque mediante la lectura de la Palabra el Espíritu Santo puede tocar su corazón”. Poco a poco, el corazón de su esposa cambió, hasta que ella también llegó a la fe en Cristo.
En los meses posteriores a su liberación, Nurettin sintió que Dios le pedía dejar sus actividades mundanas, por lo que se distanció de la política.
Pero el gobierno aún lo consideraba una amenaza potencial para la seguridad nacional debido a sus previas conexiones políticas. Y después de 18 meses de libertad, las autoridades lo arrestaron de nuevo y lo sentenciaron a dos años y medio adicionales tras las rejas.
Nurettin había madurado en la fe desde su primer encarcelamiento. Lo encontró menos restrictivo que antes, lo que le permitió compartir su fe más abiertamente. Durante su segunda sentencia, también se le permitió llevar Biblias y dárselas a otros. Pero encontrar una audiencia receptiva fue un reto.
“Nadie llegó a la fe durante ese período —dijo—. Sin embargo, casi todos escucharon el Evangelio. Ellos sabían que yo era un seguidor de Jesús, así que siempre me hacían preguntas y yo las respondía”.
De la cárcel al púlpito
Después de su segunda liberación de prisión, Nurettin se capacitó para convertirse en pastor y hoy dirige una pequeña y próspera congregación de creyentes kurdos. Dijo que muchos kurdos preguntan sobre la fe cristiana y llaman a la puerta de la iglesia, buscando saber más.

Nurettin dirige actualmente una pequeña y próspera congregación de creyentes kurdos.
“La gente viene, se sienta y observa la reunión de adoración”, dijo, y agregó que a muchos kurdos les sorprende tanto como él ver a kurdos seguidores de Cristo. Una iglesia kurda es tan rara que ha atraído la atención de los periodistas locales. “Los reporteros han entrado durante las reuniones y han escrito al respecto en el periódico”, comentó.
Algunos de los hombres a los que él ministró en la cárcel lo han buscado al ser liberados, y él ora para que lleguen a la fe en Cristo. Él quiere que más kurdos experimenten lo que él experimentó cuando leyó aquella primera Biblia que recibió hace años.
“Si Dios quiere, pasaré el resto de mi vida predicando Su Palabra hasta que llegue a la vida eterna”, dijo.
Nurettin quiere que todos conozcan el amor de Dios, un amor que él cree que llevó a aquel obrero de la primera línea ministerial a llamarlo por error hace años. “No es una coincidencia — agregó—. Dios estaba orquestando su propósito divino”.