Emergiendo de la clandestinidad comunista
Nepal
Cuando era un adolescente que vivía en Nepal a finales de la década de 1970, Shankar se dedicó a buscar una vida con propósito. Estudió sánscrito, considerada la lengua sagrada del hinduismo, y meditaba en textos hindúes día y noche. Pero con el tiempo, descubrió que todo eso carecía de sentido y unos amigos comunistas lo inspiraron a convertirse en ateo.
Entonces Shankar comenzó a entrenar en artes marciales. Sin embargo, cuando no logró su doble cinta negra, decidió buscar significado en otro lado.
Cuando Shankar tenía 18 años, un hombre llegó a su casa y lo invitó a unirse a un creciente movimiento comunista radical. Cuando accedió, el hombre le entregó un formulario para que lo completara.
“Llené el formulario y me llevaron a China para recibir entrenamiento clandestino”, dijo Shankar.
El cristianismo, un “veneno”
Para evitar ser rastreado, Shankar caminó escoltado a través de la frontera hacia China, en lugar de en avión o autobús. La caminata de varios días terminó en lo más profundo de China, donde Shankar supo que había sido reclutado por su entrenamiento en artes marciales y el papel de su padre como proveedor de armas en el ejército de Nepal.
“Yo sabía fabricar armas, así que fui uno de sus maestros —dijo Shankar—. Después de tres meses, me nombraron capitán de ese grupo”.
Shankar entrenó a reclutas comunistas durante casi siete años antes de regresar a casa para cuidar a sus padres ancianos.

Shankar estuvo profundamente involucrado en un grupo guerrillero comunista hasta que un valiente evangelista le dio un tratado del Evangelio que lo llevó a una vida de servicio para Cristo.
De vuelta en Nepal, se desempeñó como entrenador principal clandestino para los comunistas en Katmandú. Cada noche, desde la medianoche hasta las tres de la mañana, enseñaba habilidades como evadir arrestos y robar motocicletas. Incluso entrenaba a estudiantes para disparar y matar a compañeros comunistas que habían sido arrestados, para que no fueran interrogados.
“Este fue el comienzo del movimiento comunista clandestino de Nepal —dijo. Yo los entrenaba para ser guerrilleros”.
Una mañana, después de una sesión de entrenamiento de toda la noche, Shankar se sentó con algunos amigos en un parque público. Mientras hablaban, tres hombres se sentaron cerca de ellos. Uno de los hombres tenía una guitarra y otro tenía una bolsa llena de folletos impresos.
Mientras el hombre con la guitarra tocaba y cantaba un himno cristiano, el otro hombre se acercó a Shankar y le entregó un folleto evangelístico.
“Toma, deberías leer esto —le dijo a Shankar—. Dios te ama”.
Shankar tomó el folleto, lo rompió y lo arrojó al aire. Consideraba que el cristianismo era “un veneno” en Nepal. El hombre le dio a Shankar otro folleto, y también lo rompió. Luego, ante la incredulidad de Shankar, el hombre trató de entregarle un tercer folleto.
“Luego pensé: ‘Este tipo realmente se está burlando de mí’ —relató Shankar— así que le di una bofetada en la mejilla tres o cuatro veces”.
El evangelista inmediatamente se reunió con sus amigos y oró. Luego regresó con la mano llena de folletos, los metió en el bolsillo de Shankar y se fue corriendo.
“No hay posibilidad de que vuelva a unirme al Partido, pero pueden venir a la iglesia. Si me uno al Partido, obtendré muerte, pero si vienen a la iglesia, obtendrán vida”.
Shankar fue tras él. “Estaba muy enojado con él —dijo—. Pensé: ‘Si lo atrapo, lo golpearé muy fuerte’”. Shankar perdió la pista del hombre cuando cruzó una carretera muy transitada, y cuando regresó con sus amigos, uno de ellos bromeó diciendo que debería revisar sus bolsillos para ver si el hombre colocó una bomba en su camisa. Shankar sacó los folletos de su bolsillo y los arrojó al suelo.
Cuando regresó a casa esa noche, notó algo en uno de sus bolsillos. “Creí que mi bolsillo estaba vacío —dijo—, pero cuando metí mi mano, todavía había un tratado del Evangelio allí. Me pregunté si era una bomba. Y fue una bomba espiritual que cambió mi vida”.
Se planta una iglesia
Shankar finalmente decidió leer el tratado. Y después de leer solo una parte, comenzó a sentirse convencido del pecado en su vida. “He atrapado y asesinado a tanta gente —dijo—. Supe que era el peor pecador del mundo. Quería encontrar una manera de salir de ese pecado”.
Casi al mismo tiempo, la madre de Shankar, que luchaba con problemas de salud mental, intentó quitarse la vida. Desesperado por ayudarla, Shankar volvió a leer el tratado. Esta vez, notó una referencia a Marcos 16:16-18, que aborda la fe en Cristo y la sanidad. Decidió buscar ayuda de los creyentes… si podía encontrar alguno.
Poco después, Shankar conoció en la calle a dos cristianos holandeses. Cuando les contó su historia y les compartió su preocupación por la salud de su madre, los hombres se ofrecieron a visitar a su madre y orar por ella, pidiendo solo un lugar para dormir. Después de 20 días de oración, la madre de Shankar mejoró significativamente.
“Cuando mi madre sanó, estaba muy feliz —dijo—. Aunque era ateo, decidí leer de nuevo ese tratado. En la parte trasera había una dirección. Escribí a la oficina y continuaron enviándome más tratados del Evangelio”.

Aunque aún no había puesto su fe en Cristo, Shankar no pudo retener para sí mismo las Buenas Nuevas que había leído y experimentado. Tomó todos los folletos que había recibido y los distribuyó entre otros aldeanos.
“Si están enfermos —les dijo—, lean esto y serán sanados. Mi mamá es un testimonio viviente. Estaba enferma y ahora está sana. No deseches este Evangelio”.
Después de que Shankar entregara los tratados, algunos aldeanos comenzaron a reunirse para orar. Un día, los misioneros holandeses se reunieron con ellos y ayudaron a guiar a ocho personas a Cristo. Ese día en 1986, él también puso su fe en Cristo, y él y los otros cristianos formaron una iglesia.
Algunos de los amigos comunistas de Shankar trataron de persuadirlo para que volviera a su grupo, pero él se negó. “No, nunca lo haré —les dijo—. No hay posibilidad de que vuelva a unirme al Partido, pero pueden venir a la iglesia. Si me uno al Partido, obtendré muerte, pero si vienen a la iglesia, obtendrán vida”.
Leal al reino de Dios
Shankar finalmente se convirtió en pastor de la iglesia que había ayudado a comenzar, y desde entonces ha plantado veintiocho iglesias más que varían entre treinta y ciento treinta fieles.
Su pasión por compartir el Evangelio a veces ha enfurecido a otros. Mientras muchos aldeanos escuchan su predicación con el corazón abierto, Shankar y los miembros de su equipo han sido golpeados en muchas ocasiones. Y más recientemente, Shankar y otros pastores han sido restringidos en su trabajo por las nuevas directrices del gobierno. En 2017, el parlamento de Nepal aprobó una enmienda que criminaliza la conversión al cristianismo.
“Se menciona claramente [en la ley] que, si una persona convierte a otra a su religión, será multada con cincuenta mil rupias [alrededor de cuatrocientos dólares], y pasará cinco años en prisión —dijo Shankar—. Esta persecución nos está causando algunos problemas al compartir el Evangelio”. En 2018, el primer ministro y otros funcionarios del Gobierno endurecieron aún más las restricciones al anunciar que cualquier persona que cambie de religión será expulsada del país.

Los cristianos en Nepal continúan reuniéndose para adorar y compartir su fe a pesar de las crecientes restricciones gubernamentales contra el cristianismo.
Desde que se adoptó la enmienda constitucional, Shankar ha visto al menos un pastor detenido debido a su trabajo ministerial. El pastor, que ya fue liberado, ha pagado el equivalente a cinco mil dólares en multas y gastos legales.
“Animo a los creyentes, pese a los efectos de estas leyes —dijo Shankar—. A veces la constitución está en nuestra contra porque no trabajamos para este mundo, sino para el cielo. No debemos temer. Si Dios quiere que estemos en prisión por compartir el Evangelio, que así sea. Pero no se asusten por la persecución. Tenemos que hacer lo que estamos llamados a hacer”.
Shankar pide que Dios provea para las necesidades de su iglesia, que haya unidad y que más nepalíes lleguen a la fe en Cristo. “Entregué mi vida al ministerio hasta que muera —dijo—. No imagino estar separado del ministerio. Que Dios me ayude a seguir ganando nuevas almas”.